Ayer de noche casi salimos ardiendo de casa y tenemos que llamar a los bomberos. Sonia dejó el aceite encima de la vitrocerámica tras freír unos filetes y éste se incendió. No sabemos si no se había apagado o había calor residual. Me inclino por lo primero porque es inducción, y en teoría cuando se apaga, no queda calor que valga. No sé... el caso es que aquello se inflamó, y Sonia, asustadísima, me llamó a grito pelado. Estaba en el ordenador, y ante los gritos fui disparado a la cocina. Cuando llegué las llamas eran ya bastante considerables, y del aceite ya habían pasado a la campana extractora y al entorno inmediato. Tapé la sartén, origen del incendio, como mejor pude, aunque tardó aún unos segundos en apagarse. Mientras, sofoqué las otras llamas que ya amenazaban la cocina desde distintos puntos.
El resultado: una campana extractora para tirar, completamente quemada, una sartén hecha polvo también para tirar y tres dedos míos afectados. Lo de los dedos escocía bastante ayer, pero Sonia me puso crema un par de veces y me vendó las quemaduras. Hoy ya están bastante mejor, aunque un poco arrugadillos. No sé si de las llamas o de la crema, parece lo segundo. Ayer estaba hecho polvo del catarro, y el humo que tragamos (enseguida se llenó la casa) no ayudó mucho, aunque cosa curiosa, me despejó la nariz con el calor en primera instancia. A la par, me quemé algún pelillo de la cabeza, nada serio (tampoco hay mucho que quemar xD). Hoy estoy hecho polvo, con un brutal dolor de cabeza, agotao y con los dedos sensibles, pero me he puesto a recoger algo. No soporto tener la casa así...
En fin, lo que pudo haber sido y no fue (menos mal). Ayer se fue la fase a la que estaba enchufada la campana, y solo hoy, gracias a la ayuda del suegro y un tío de Sonia, ya estaba operativa. He limpiado y probado la vitro y va bien, así que lo único serio es la campana, que cambiaremos. El seguro está avisado, a ver si nos la pagan...
En fin, mucho cuidado con las vitros, gente. Estad siempre en la cocina mientras el aceite se calienta, freid lo que tengáis que freir y luego apagad la vitro y retirad la sartén. Nada de experimentos, que con las llamas no se juega.
No os preocupéis, estamos bien :-D
jueves, enero 04, 2007
viernes, diciembre 22, 2006
El Camino del Acero, de Andrés Díaz Sánchez
Crítica de El Camino del Acero en Fantasymundo
Carlos Alonso Juárez es el protagonista de la novela: un joven débil y enfermo terminal que pasa sus días en un hospital. Pronto, su mente se ve transportada y termina por ocupar un cuerpo que no es el suyo. Alarmado y extrañado, la fortaleza vuelve a su cuerpo y despierta en un mundo con una lengua y unas costumbres radicalmente diferentes a las de Madrid, su ciudad natal. La vida y el cargo del guerrero Dargor Atur le pertenecen ahora, pero Carlos tendrá que adaptarse y vivir conforme a lo que se espera de un “ornai”, del jefe de los ejércitos de Sarlia, su nueva patria. Su padre, Amáer Atur, es el “sigra” de Sarlia, la máxima autoridad, pero no se lleva muy bien con su hijo. Carlos, cuyos padres reales murieron hace mucho, intentará recuperar el afecto del embrutecido Amáer, pero las costumbres de Sarlia serán una losa para él.
Durba (La Patria de los Hombres Libres), el territorio donde se desarrolla la acción, es un conglomerado de ciudades-estado organizadas al modo de la Antigua Grecia, con unas costumbres heterogéneas y los tradicionales antagonismos que siempre se reflejaron en la patria de Pericles. De entre las ciudades-estado, la más fuerte es precisamente Sarlia, de cuyo ejército Dargor es el comandante en jefe. El resto tratan de arrebatar la hegemonía a la nueva patria de Carlos, bajo la amenaza de los alais, las numerosas y aguerridas tribus de salvajes que acampan fuera de Durba esperando una oportunidad para hacerse con el botín sarlio. Dargor deberá adaptarse a su nuevo rol de guerrero y olvidar los valores occidentales de su mundo natal, basado en la igualdad y la fraternidad: en Sarlia se premia la fortaleza, y el débil es arrojado al tumulto de la servidumbre o al pozo de la muerte. La amenaza bárbara de los monstruosos alais provocará que el pueblo sarlio vuelva sus ojos al liderazgo de su conquistador Dargor, y pronto éste se verá obligado a defender a su nueva tierra.
De buenas a primeras, el argumento podría asustar por la cantidad de planteamientos similares y a menudo fallidos que un lector habitual puede encontrarse si se adentra lo suficiente en el género de la fantasía épica. Pero Andrés Díaz sabe muy bien hacia donde quiere dirigirnos y como evitar enfangarse en los lodos con los que otros se dieron de bruces. Todo en “El Camino del Acero” tiene un porque, el argumento está muy bien hilvanado, tanto como el mundo de Durba. El autor dibuja con acierto las estructuras sociales, militares y políticas de un mundo convulsionado y en constante evolución, enfrentando con acierto las primeras creencias del protagonista con la dureza de un universo nuevo y que pone a prueba su capacidad de adaptación. Podría decirse que la novela trata como pocas veces he podido disfrutar del eterno conflicto entre las ideas y el deber, entre los ideales y la practicidad. Carlos Alonso cree en valores como la amistad, el amor, la fraternidad y el perdón, pero como Dargor Atur se encuentra un mundo donde se premian el valor y la crueldad práctica, que tan solo entiende como correcto aquello que proporciona un bien inmediato. El amor y la amistad no unidas por la conveniencia son, en el mejor de los casos un lujo mal visto, y normalmente una debilidad propia de timoratos. La crueldad no está asociada a la maldad, sino que es parte de la vida de un universo cambiante y peligroso que no entiende de otra virtud que no sea el valor.
El personaje principal evoluciona de forma coherente y acertada, jamás el lector siente forzados los diálogos ni las acciones, todo ocurre por alguna razón, y al final uno siente que todas las hebras de la trama se hilvanan en un solo tronco y todo termina encajando. Es una lectura densa, no solo por las más de 500 páginas, sino por la complejidad del relato y las fantásticas perlas filosóficas que también desgrana Andrés Díaz. Porque El “Camino del Acero” no es tan solo una novela de aventuras y superación personal, sino también una crítica a la idealización del mundo tal y como lo conocemos, una ácida mirada hacia la épica que normalmente se publica. El autor nos obliga a mirar dentro de nosotros mismos y a través de los personajes enfrenta dos visiones de la realidad contrapuestas. Las variopintas sociedades de Durba nos ayudan a comprender este brutal mundo, y facilitan la crítica constructiva a los valores tradicionales. No solo trata temas tan trillados como el honor o el valor de forma honesta, sino que también enfrenta a los personajes con sus creencias más íntimas. El ejemplo más adecuado lo tenemos en la existencia de Etria, una de las ciudades-estado donde las que mandan son las mujeres, auténticas guerreras que sojuzgan a los hombres y les reducen a un rol de sirvientes y juguetes sexuales que las féminas soportan en el resto de ciudades-estado de Durba. En un momento de la novela, ambas visiones del mundo llegan a encontrarse, y de las chispas de la fricción, el lector puede extraer muchos planteamientos críticos hacia unos y otros muy valiosos. Las mujeres, consideradas en Sarlia poco más que “el descanso del guerrero”, demuestran sus virtudes como luchadoras y organizadoras, al mismo tiempo que presentan sus debilidades y algo de su humanidad perdida.
Dargor se enfrentará a numerosos peligros en Durba, y su ingenio y capacidad de adaptación se verán comprometidas a menudo, pero siempre sin olvidar las frecuentes muestras de reflexión y filosofía, imprescindibles para entender un mundo que le resulta ajeno y a menudo incomprensible. Por supuesto, el eterno enfrentamiento entre filosofía y religión también estará presente, personificado por los Pensadores, y el Culto al Vigilante. Ambas visiones del mundo se disputarán la atención y el apoyo de Dargor, y sus máximos representantes, el ciego Orblad y Nigur, intentarán influir en él. Son memorables los capítulos en los que ambos intentan influir sobre Dargor, quizá los diálogos más complicados de hilvanar y al mismo tiempo más atrayentes, aunque no hay nada prescindible en “El Camino del Acero”. Algunos personajes resultan ser sinceros y honestos, mientras que otros presentan su doble cara en los momentos más comprometidos. Andrés no hace concesiones de ningún tipo: lleva a la trama de la mano y es honesto con el lector al ciento por ciento, hace lo que es necesario y no se deja llevar por el sentimentalismo. La realidad pega constantes bofetadas en la cara a Dargor, pero al mismo tiempo hay puntos más esotéricos y sobrenaturales en Durba, representados por el misterioso Culto al Vigilante y la roca que se sostiene en el aire y también por las extrañas criaturas que el protagonista va encontrándose por esta nueva tierra.
También la enseñanza se ve cuestonada en la novela. En un mundo tan parecido a la Antigua Grecia, Sarlia parece una mezcolanza audaz entre Atenas y Esparta, más cercana a la segunda que a la primera. La educación de los jóvenes se basa en la fortaleza, y Dargor-Carlos enfrentará su visión “democrática” y contemporánea de la misma a la imperante en Sarlia. El resultado de esta lucha será una visión honesta y sin edulcorar sobre las necesidades del mundo y la educación de las futuras generaciones en un medio hostil. La mirada del protagonista es siempre inquisitiva, y con el paso del tiempo se endurece pero sin perder la curiosidad ni la capacidad de juzgar un mundo cambiante y variopinto.
El título puede resumir acertadamente la novela: el camino que Dargor recorre le llevará a la verdadera comprensión de qué significa servir al acero, de conceptos filosóficos tales como el honor, la inmortalidad, la amistad, el amor, la fuerza,… “El camino del acero” no es una simple novela de aventuras y espada, sino que la acción es la piedra angular que permite al protagonista y al lector avanzar juntos por la senda de la comprensión. El origen de la misteriosa fuerza que ha catapultado a Carlos hacia el cuerpo de Dargor y a este nuevo mundo también será la incógnita principal que se mantendrá hasta el final, uno más de los misterios de la novela.
Una novela excepcionalmente escrita y planteada, con giros argumentales en absoluto forzados y con la honestidad por bandera. Una mirada ácida e inquisitiva que se posa en los tópicos del género como un halcón lo haría en su presa, unos diálogos más propios de un maestro de la fantasía épica que de un joven escritor, una acción salvaje sin concesiones, un lenguaje siempre acorde con la personalidad de cada personaje, y un mundo descrito de forma robusta y sin fisuras. Todo ello y más podemos encontrarlo en “El Camino del Acero”, sin duda un descubrimiento, quizá el lanzamiento del año en España del género. Merece la pena, de verdad. Esperemos que tenga la repercusión que merece, porque sería una pena que la novela quedase sepultada entre el aluvión de novedades editoriales. El ritmo constante y la profundidad del argumento y el dibujo de personajes y lugares nos lleva a un mundo creíble como pocos, que disparará la imaginación del lector avezado y del principiante, al mismo tiempo que nos provoca con la exhibición de unos valores tan extraños a esta sociedad en la que vivimos, a menudo avanzada, en ocasiones tolerante, pero normalmente permisiva y paternalista.
Existe una página oficial del libro, donde podéis encontrar, aparte de datos sobre el libro y su autor, varios avances de “El Camino del Acero” (los primeros capítulos y el capítulo cero narrado), y varias de las ilustraciones que jalonan la edición de Ábaco.
miércoles, diciembre 20, 2006
Se pervierte y le indemnizan
Increíble, este mundo está loco. El caradura británico Stephen Tame, de 29 años de edad, de siempre devoto cristiano, casado y albañil en su país, sufrió un accidente laboral, una caída desde un andamio, a resultas del cual se le diagnosticaron heridas graves en la cabeza.
Tras el accidente, según sus propias declaraciones, su líbido aumentó de tal manera que su joven mujer no podía satisfacerle, así que se arrojó a una vida de lujuria y depravación, liándose con varias mujeres y frecuentando clubes de alterne, donde se divertían él y su amiguito con numerosas prostitutas.
Él, cristiano devoto, fiel a su mujer y amigo de sus amigos, se transforma de pronto en un animal sexual, cambia la costumbre de dar en el cepillo por la de cepillarse a todo lo que ve, a la vez que aprovecha para consumir todo el porno disponible en los videoclubs de Londres. Una vida ocupada, vamos.
Pues bien, el juez Michael Harris, del Tribunal Superior de Justicia londinense, ha dictado para él una indemnización (paaayo) de ¡¡¡4,5 millones de euros!!!, ya que a resultas del accidente su vida y la de su mujer se vieron "destrozadas". Joder, milagro que no le dió por matar, en vez de ser encarcelado, las familias de sus víctimas tendrían que pedir perdón :-O
¿Vivimos en un mundo de locos o el loco soy yo? ¿Quién dictaminó que su líbido aumentó tras el accidente, House? ¿El doctor Nick Riviera? Eso da unas cuantas ideas por si acaso no me toca la lotería estas navidades... hum hummmmmmm
Tras el accidente, según sus propias declaraciones, su líbido aumentó de tal manera que su joven mujer no podía satisfacerle, así que se arrojó a una vida de lujuria y depravación, liándose con varias mujeres y frecuentando clubes de alterne, donde se divertían él y su amiguito con numerosas prostitutas.
Él, cristiano devoto, fiel a su mujer y amigo de sus amigos, se transforma de pronto en un animal sexual, cambia la costumbre de dar en el cepillo por la de cepillarse a todo lo que ve, a la vez que aprovecha para consumir todo el porno disponible en los videoclubs de Londres. Una vida ocupada, vamos.
Pues bien, el juez Michael Harris, del Tribunal Superior de Justicia londinense, ha dictado para él una indemnización (paaayo) de ¡¡¡4,5 millones de euros!!!, ya que a resultas del accidente su vida y la de su mujer se vieron "destrozadas". Joder, milagro que no le dió por matar, en vez de ser encarcelado, las familias de sus víctimas tendrían que pedir perdón :-O
¿Vivimos en un mundo de locos o el loco soy yo? ¿Quién dictaminó que su líbido aumentó tras el accidente, House? ¿El doctor Nick Riviera? Eso da unas cuantas ideas por si acaso no me toca la lotería estas navidades... hum hummmmmmm
lunes, diciembre 11, 2006
Estamos embarazados
Hacía mucho tiempo que familiares y amigos nos pedían descendencia a su particular modo y con variada insistencia (me consta que más de uno puso velitas a variados santos), pero nosotros queríamos esperar por temas de salud. Sin embargo, sea lo que sea quien habite en la tripita de Sonia, no ha querido esperar. Quiere existir ya. Y nosotros estamos encantados aunque muy nerviosos, por supuesto.
La foto corresponde a los dos tests de embarazo que se hizo Sonia: el de abajo daba un positivo tenue, y tras unos días el de arriba confirmó que estaba en cinta. Ahora mismo está en el hospital ingresada para controlarle los niveles de azúcar, ya que la futura mamá es diabética. Le harán la ITV unos días y luego seguirá la gestación en casita :-D
Será un embarazo muy vigilado por todos, y sin duda será largo, pero estamos muuuy ilusionados, y por supuesto con ganas de que todo salga bien. Aún tengo que hacerme a la idea, no es algo que pueda asumirse con mucha facilidad. Me da la impresión de que todo es irreal, supongo que esa dualidad entre felicidad y estupor la han sentido la mayoría de padres, pero para mí es algo nuevo. Sonia tenía incluso más ganas que yo, de hecho sentía ganas de ser madre desde hace mucho tiempo, y se le nota en la cara la felicidad más absoluta. Yo por encima de todo, me siento vigilante, como si con estar alerta pudiera conseguir por mí mismo únicamente que todo saliera bien. Estoy muy nervioso con el tema de la diabetes, pero todo saldrá adelante, lo sé.
No tengo idea de como será, pero tendrá a dos familias dispuestas a todo por hacerle feliz. Y si se parece a sus padres, intentará hacer siempre las cosas lo mejor posible. No nos planteamos nombres frikis, que sé que alguno/a lo piensa: no quiero que le señalen con el dedo al grito de "¡¡Frodo Daniel!!" o "¡¡Arwen María!!" :-D
A algunos de vosotros os hemos dado la noticia en persona, pero para otros esto es totalmente nuevo. Ojalá hubiera coincidido con alguna mereth o algo así. Al menos a los barceloneses, a los sevillanos, a algunos murcianos y a ciertos madrileños sí pudimos decírselo en persona, pero el resto lo sabréis por aquí a menos que alguien se haya ido de la húmeda. Sé que en muchos de vosotros tendrá una tercera familia :-D
Estoy muy nervioso, y a cada minuto intento controlarme para no agobiar a la futura mami con preguntas sobre el nivel de azúcar, los posibles dolores, la temperatura, el malestar,... supongo que es normal, teniendo en cuenta las circunstancias, pero debo intentar no volverme loco ni volverla loca a ella xD
Tengo ganas de gritar :-DDD
lunes, noviembre 27, 2006
Resaca post-vacacional
Sí, sé lo que estáis pensando: "¿vacaciones, este se ha vuelto loco?". Pues sí, la semana anterior estuve en Asturias visitando a la familia. No es que llevase mucho tiempo sin verles, como suele ser costumbre, apenas dos meses y pico tras la boda, pero aprovechamos unos días libres que mi mujer (me sigue sonando raro) arrancó a los petardos de su curro. Dos semanas más le quedan a la muy suertuda. Hay que aclarar que son días que le debían, pero no dejan de ser ¡¡tres semanazas libres!! Le vendrán bien para desestresarse, eso sí.
Esta semana en el terruño ha sido agotadora, como suelen serlo las vacaciones. Porque evidentemente, uno no se conforma con vegetar con una capiriña en la mano y sus huesos en una tumbona (en este caso sidrina en la mano y una buena cama como soporte), sino que va y viene a mil sitios para "aprovechar" las vacaciones. Y claro, pasa lo que pasa: uno regresa al hogar y piensa asombrado "¡leches, si vuelvo más cansado!". Suerte que elegimos el sábado para volver, y tras un viaje tranquilísimo pero agotador, tuvimos todo el domingo para hacer el chucho. Incluso nos permitimos el lujo de recoger todo lo que traíamos y colocarlo, y eso en nosotros, es mucho.
Si físicamente uno acusa las vacaciones, mentalmente es otra cosa. Me encuentro fresco. He despachado buena parte del trabajo pendiente en el despacho y me he encontrado con un aviso de correos de otro libro que me envía una de las editoriales con las que colaboramos. Tengo varios pendientes en casa por criticar, pero uno más nunca viene mal xD
En fin, a ver si mi cuerpo descansa un poco y se prepara para las navidades... ya estamos preparándolas, para viariar. La semana que viene cocinaremos para los amiguetes un pollo de corral (iba a decir "pollazo", pero quedaría fatal y muy guarri) que nos hemos traído de casa de mis padres: un bisho enorme criado de forma natural, como antes, sin guarreridas y a su aire paseando por el campo. Su carne no tiene nada que ver con los pollos "cultivados" que solemos comer: es dura, consistente y oscura. Los pollos del Carrefú o del Mercadona se deshacen cuando son cocinados. Estos necesitan horas de cocción, y saben a gloria :-D
Esta semana en el terruño ha sido agotadora, como suelen serlo las vacaciones. Porque evidentemente, uno no se conforma con vegetar con una capiriña en la mano y sus huesos en una tumbona (en este caso sidrina en la mano y una buena cama como soporte), sino que va y viene a mil sitios para "aprovechar" las vacaciones. Y claro, pasa lo que pasa: uno regresa al hogar y piensa asombrado "¡leches, si vuelvo más cansado!". Suerte que elegimos el sábado para volver, y tras un viaje tranquilísimo pero agotador, tuvimos todo el domingo para hacer el chucho. Incluso nos permitimos el lujo de recoger todo lo que traíamos y colocarlo, y eso en nosotros, es mucho.
Si físicamente uno acusa las vacaciones, mentalmente es otra cosa. Me encuentro fresco. He despachado buena parte del trabajo pendiente en el despacho y me he encontrado con un aviso de correos de otro libro que me envía una de las editoriales con las que colaboramos. Tengo varios pendientes en casa por criticar, pero uno más nunca viene mal xD
En fin, a ver si mi cuerpo descansa un poco y se prepara para las navidades... ya estamos preparándolas, para viariar. La semana que viene cocinaremos para los amiguetes un pollo de corral (iba a decir "pollazo", pero quedaría fatal y muy guarri) que nos hemos traído de casa de mis padres: un bisho enorme criado de forma natural, como antes, sin guarreridas y a su aire paseando por el campo. Su carne no tiene nada que ver con los pollos "cultivados" que solemos comer: es dura, consistente y oscura. Los pollos del Carrefú o del Mercadona se deshacen cuando son cocinados. Estos necesitan horas de cocción, y saben a gloria :-D
viernes, noviembre 17, 2006
Katy ha muerto
Hoy cuando llegamos por la mañana estaba en la incubadora. Por lo visto tenía varios órganos afectados y los pulmones estaban apunto de colapsar. Estaba sedada, y aún así de vez en cuando deliraba, exactamente igual que cuando soñaba y gritaba o movía las patas. Solo se calmaba cuando la acariciábamos. La veterinaria quería esperar unas horas a ver si mejoraba aunque se encontraba muy mal.
Pero temíamos que sufriese y sobre todo, que se muriera sola. Así que allí mismo decidimos, con lágrimas en los ojos, que Katy debía morir. Es una decisión enormemente dura, pero que le sobreviene a uno claramente cuando ve a alguien tan querido tan postrado y tan mal. La claridad no evita las lágrimas ni la congoja, pero sabes que tienes que hacerlo. Ambos la acariciamos durante un rato despidiéndonos y la veterinaria vino con una jeringa de un líquido de color verdoso. Sobredosis de anestesia. La besé, la acaricié las orejas, dentro y fuera de ellas, el lomo, las piernas,... esperando que supiera que estábamos allí con ella. Creo que lo sabía, tenía los ojos entreabiertos y cansados. Cuando le pudieron la inyección casi instantáneamente se le extinguió el brillo de los ojos y el rictus de su boca eliminó la expresión. Pero parecía viva... durante un rato seguí acariciándola hasta que ya no pude más. Se me iba un pedazo de corazón, pero dejaba su recuerdo en todos nosotros.
Es duro, muy duro, y consuela pensar en ella brincando, jugando, con los ojos ansiosos ante nuestra comida, o el tacto de sus pelos en nuestra cama,... pese a todo tuvo una muy buena vida, hizo casi lo que quiso con sus amos y vivió mucho tiempo, siempre a tope. Jamás pude verla indolente ni descansando sin motivo. Me animó en muchos momentos, y la quiero como he querido a poca gente... pero está mejor así. Su cuerpo ya no podía sostener su vida, pero ha dejado mucho en nosotros.
Me parece mentira que se haya ido, y tiemblo al pensar que nunca más estará con nosotros ese cuerpo diminuto y peludo, tan ágil pese a su tamaño. Pero jamás podré olvidarla, y eso es lo mejor que se puede decir de nadie, que deja un hueco difícil de llenar.
Es un momento triste... tanto ha dado y tanto le dimos. Aunque también hemos de sentirnos felices: ha sido todo muy rápido, apenas 5 días. Y hasta ahora ha hecho lo que más le ha gustado. Aún la recuerdo pequeñísima y vulnerable cuando nos la trajeron. No paraba de morderme las zapatillas, conectamos enseguida. Ella sabía que jamás le haría daño, y si alguien la reñía, enseguida venía a mí para protegerse. Estaba muy bien educada, y sabía lo que debía o no hacer, y muy pocas veces se permitió defraudarnos. Y yo intenté siempre tratarla como a parte de mi familia. Y cojones, lo he hecho... quizá demasiado bien.
Hasta luego, Katy...
Pero temíamos que sufriese y sobre todo, que se muriera sola. Así que allí mismo decidimos, con lágrimas en los ojos, que Katy debía morir. Es una decisión enormemente dura, pero que le sobreviene a uno claramente cuando ve a alguien tan querido tan postrado y tan mal. La claridad no evita las lágrimas ni la congoja, pero sabes que tienes que hacerlo. Ambos la acariciamos durante un rato despidiéndonos y la veterinaria vino con una jeringa de un líquido de color verdoso. Sobredosis de anestesia. La besé, la acaricié las orejas, dentro y fuera de ellas, el lomo, las piernas,... esperando que supiera que estábamos allí con ella. Creo que lo sabía, tenía los ojos entreabiertos y cansados. Cuando le pudieron la inyección casi instantáneamente se le extinguió el brillo de los ojos y el rictus de su boca eliminó la expresión. Pero parecía viva... durante un rato seguí acariciándola hasta que ya no pude más. Se me iba un pedazo de corazón, pero dejaba su recuerdo en todos nosotros.
Es duro, muy duro, y consuela pensar en ella brincando, jugando, con los ojos ansiosos ante nuestra comida, o el tacto de sus pelos en nuestra cama,... pese a todo tuvo una muy buena vida, hizo casi lo que quiso con sus amos y vivió mucho tiempo, siempre a tope. Jamás pude verla indolente ni descansando sin motivo. Me animó en muchos momentos, y la quiero como he querido a poca gente... pero está mejor así. Su cuerpo ya no podía sostener su vida, pero ha dejado mucho en nosotros.
Me parece mentira que se haya ido, y tiemblo al pensar que nunca más estará con nosotros ese cuerpo diminuto y peludo, tan ágil pese a su tamaño. Pero jamás podré olvidarla, y eso es lo mejor que se puede decir de nadie, que deja un hueco difícil de llenar.
Es un momento triste... tanto ha dado y tanto le dimos. Aunque también hemos de sentirnos felices: ha sido todo muy rápido, apenas 5 días. Y hasta ahora ha hecho lo que más le ha gustado. Aún la recuerdo pequeñísima y vulnerable cuando nos la trajeron. No paraba de morderme las zapatillas, conectamos enseguida. Ella sabía que jamás le haría daño, y si alguien la reñía, enseguida venía a mí para protegerse. Estaba muy bien educada, y sabía lo que debía o no hacer, y muy pocas veces se permitió defraudarnos. Y yo intenté siempre tratarla como a parte de mi familia. Y cojones, lo he hecho... quizá demasiado bien.
Hasta luego, Katy...
jueves, noviembre 16, 2006
Y al cuarto día... ¿resucitó?
Si ayer la chucha estaba terminal, hoy aún hay esperanza. El veterinario, tras nuestra visita ayer por la tarde, comprobó sus niveles de hematocrito (no por si se había dopado, sino para comprobar su anemia) y se decidió a consultarnos. El día del ingreso estaba a 9 de hematocrito, cuando lo normal sería 40. El mismo veterinario comentó que ese nivel "no era compatible con la vida", y tras dos transfusiones lograron estabilizarlo en 36. Su pipí se hizo casi amarillo, mientras que antes estaba rojo por la sangre, y parecía estar mejor, así que nos recomendaron una operación.
Querían abrirla para vaciarle la matriz y comprobar que el tumor no se había extendido a otros órganos. En ese caso, habría amplias posibilidades de recuperación si la operación salía bien. Este mediodía le abrieron la barriguilla y le extrajeron el contenido de la matriz, tumor incluido. Los órganos no parecían estar afectados salvo una ligera inflamación del hígado. Le hicieron una biopsia y ahora lo están analizando en un laboratorio ajeno al hospital. Las perspectivas son buenas por fin.
Cuando llegamos a las cinco, dos horas después de la operación, la chucha estaba medio consciente, con las orejas extendidas como agujas y como hablando en sueños, en su pose característica de "descanso vigilante". Debido a la anestesia apenas nos pudo hacer caso, aunque gimoteaba un poco pidiendo mimos. Seguía con el mismo tono amarillento de los ojos, pero se la notaba mejor. Cuando la sacaron para hacerle unas pruebas delante de nosotros, enseguida gruñó por lo bajini a las enfermeras como diciendo: "después de lo que me habéis hecho, ¿no podéis dejarme tranquila?"
Entre gruñido y gruñido le tomaron la temperatura y demás. Por lo visto, acostumbra a gruñir en cuanto ve una bata verde de enfermera, cosa lógica en su lugar :-P
En fin, según el veterinario "se abre una gran ventana de posibilidades", lo que contrasta mucho con las nulas opciones del otro día. El tajón que le han metido impresiona, más de un palmo en su barriguilla. Estamos esperanzados pero cautelosos, y muy agotados, desde luego. No podemos concentrarnos en el trabajo y dormimos con dificultad... cada poco nos entra la depre y tal, aunque ahora estamos algo más animadillos. Y que dure :-)
Querían abrirla para vaciarle la matriz y comprobar que el tumor no se había extendido a otros órganos. En ese caso, habría amplias posibilidades de recuperación si la operación salía bien. Este mediodía le abrieron la barriguilla y le extrajeron el contenido de la matriz, tumor incluido. Los órganos no parecían estar afectados salvo una ligera inflamación del hígado. Le hicieron una biopsia y ahora lo están analizando en un laboratorio ajeno al hospital. Las perspectivas son buenas por fin.
Cuando llegamos a las cinco, dos horas después de la operación, la chucha estaba medio consciente, con las orejas extendidas como agujas y como hablando en sueños, en su pose característica de "descanso vigilante". Debido a la anestesia apenas nos pudo hacer caso, aunque gimoteaba un poco pidiendo mimos. Seguía con el mismo tono amarillento de los ojos, pero se la notaba mejor. Cuando la sacaron para hacerle unas pruebas delante de nosotros, enseguida gruñó por lo bajini a las enfermeras como diciendo: "después de lo que me habéis hecho, ¿no podéis dejarme tranquila?"
Entre gruñido y gruñido le tomaron la temperatura y demás. Por lo visto, acostumbra a gruñir en cuanto ve una bata verde de enfermera, cosa lógica en su lugar :-P
En fin, según el veterinario "se abre una gran ventana de posibilidades", lo que contrasta mucho con las nulas opciones del otro día. El tajón que le han metido impresiona, más de un palmo en su barriguilla. Estamos esperanzados pero cautelosos, y muy agotados, desde luego. No podemos concentrarnos en el trabajo y dormimos con dificultad... cada poco nos entra la depre y tal, aunque ahora estamos algo más animadillos. Y que dure :-)
martes, noviembre 14, 2006
Historia de una perra (epitafio)
El veterinario de urgencias nos atendió muy amable, intentando tranquilizar a Katy, que en cuanto ve una mesa de metal frío lo asocia con sus frecuentes revisiones, y no le gustan un pelo. Se revuelve todo lo que puede, y no es mucho porque está sin fuerzas. El veterinario constata la gravedad del tema y nos propone ingresarla. Esa noche dormirá en una espaciosa celda.
Al día siguiente vamos en horario de visita y nos dicen que tiene una anemia galopante y que están buscando su origen. Tiene también una infección de matriz y deberían operar, pero no sin antes resolver el tema de la anemia. Ella nos recibe enfadadísima por haberla dejado allí "sola", y no nos quiere ni ver. Poco a poco logramos que nos haga caso, aunque está agotadísima. La sacamos de la celda e inmediatamente, se acurruca junto a mí y se mea. Casi todo es sangre. Tras limpiarla, estamos con ella en brazos un buen rato y la volvemos a dejar en la celda, muy nerviosos.
Hasta hoy por la tarde... al verla de nuevo cogemos fuerzas: está mejor, hace más caso y camina sin demasiados problemas. La sacamos a un pequeño patio y mea un poco, con algo de sangre, pero mucho menos que en el día anterior. La cogemos en brazos y la sacamos a recepción. Tras muchísimo rato, aparece el veterinario y nos lleva a un despacho.
Tiene un tumor, no saben en que lugar de su pequeño cuerpo. Podrían recoger biopsias de sus órganos y ver cual es el afectado, pero su anemia desaconseja prolongarlo. No va a mejorar, e insistir es perder el tiempo y ocasionar sufrimiento a Katy. No siente dolor ahora mismo, tan solo se siente muy cansada, pero poco a poco le irán fallando órganos. Puede durar una noche, como una semana o un mes, y la mejoría solo es responsabilidad de la transfusión de sangre de hoy. No hay esperanza. Katy se muere.
Y en eso pensaré mañana. Quiero ser lo último que vea y huela, quiero que sepa que estoy allí y que no la dejo sola. Es parte de mi familia y siempre la tendré en la memoria. Se me rompe el corazón cuando pienso en que mañana será la última vez que la vea... pero no quiero verla doblada por el dolor, sintiendo como sus órganos van fallando uno a uno. Quiero que se vaya sin dolor, durmiéndose, como si se quedara dormida. Será a mí a quien doble el dolor, pero sé que puedo soportarlo. Ella no sufrirá si está en mi mano. Por todo lo que me ha dado... será un día tristísimo, insoportable, duro. Pero me quedo con los 12 años de alegrías que me dio. No creo que exista un cielo ni un infierno ni nada parecido, ni para humanos ni para animales. Esta es nuestra vida para bien y para mal, y cuando se acaba, solo queda nuestro reflejo en los seres queridos, queda su influencia en nosotros. Y en ese sentido, Katy seguirá siempre viva.
Mi madre dijo hoy algo curioso: "¿ves de qué vale tener un perro?". Pues que nadie se haga esta pregunta, y si alguien se la hace yo le respondo: no se puede vivir con miedo a perder lo que se tiene; no se puede renunciar a algo solo por miedo a perderlo. La vida solo se vive una vez, y en ella damos todo lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Jamás me arrepentiré de nada. Lo que me dio Katy compensa un trillón de veces el disgusto de estos días. Estará siempre en mi corazón y en mi cabeza. Te quiero, Katy.
miércoles, noviembre 08, 2006
The Wicker Man, el despropósito
El policía Edward Malus (Nicholas Cage) se encuentra de baja laboral, debido a un accidente en carretera, en el que no pudo rescatar a una madre y a su hija de una colisión frontal con un camión. Las inquietantes escenas del accidente, en el que ambas perecieron entre las llamas, no hacen sino aumentar la desazón del protagonista, que más tarde recibe un informe de sus compañeros en el que se destaca la ausencia de cadáveres en el interior del vehículo. Presa de las alucinaciones y de los medicamentos, recibe una enigmática carta de la que fue su prometida, quien le abandonó cuando estaban apunto de casarse. En ella, Willow Woodward (Kate Beahan) le explica que la hija de ambos, de quien Malus no tenía noticia, ha desaparecido en el poblado donde las dos vivían, y le emplaza a que la ayude en la búsqueda de Rowan.
Edward, que apenas puede creer que tenga una hija, pide ayuda a sus amigos policías y se desplaza desde California hasta una isla regentada por la matriarca Summersisle (Ellen Burstyn), donde desde el principio comienza a sentirse rechazado. Los extraños no son bienvenidos en la isla, y la única relación que mantienen con el exterior se basa en las periódicas entregas de suministros que realiza un piloto de hidroavión. La población de la isla se abastece a sí misma de los productos básicos, mediante una eficaz distribución del trabajo en forma de comuna. Pero Malus enseguida se topa con trabas en su investigación: los lugareños le evitan y se muestran esquivos e incluso violentos con él, niegan que alguna vez Rowan haya vivido en la isla y le aseguran que su exprometida está absolutamente desquiciada. Por su parte, Edward descubre toda una serie de ritos paganos en los que la población de la isla cree, y que bien podrían haber servido para condenar a su hija Rowan. Las mujeres dominan la vida social y productiva del lugar, y condenan a los hombres al ostracismo. Esa hostilidad se refleja también en el protagonista, que no sale de su asombro en cada entrevista que mantiene con los paisanos de la isla.
Para colmo de males, Willow se muestra reticente a revelar demasiado, advirtiéndole de que todo el mundo miente en la isla, y que saben mucho más de lo que dicen. El encuentro de Edward con varias mujeres no hace sino aumentar su inquietud… ¿qué se esconde tras esta trama?
Pues sinceramente no mucho: el director Neil LaButte (En compañía de hombres, Posesión), realiza un penoso remake de un clásico de 1973 de la británica Hammer, del mismo título y protagonizada en su día por Edward Woodward, el mítico Christopher Lee y Britt Ekland. Nada se salva en esta producción que ni sabe en qué género sentar sus posaderas. Si pretende dar miedo, no produce ni inquietud, si intenta crear un thriller no dispone ni de la mínima tensión, y si su único apoyo reside en el reparto, ni eso se salva. No solo la historia no tiene ni pies ni cabeza, sino que la ejecución del director dista mucho de ser siquiera un producto decente. Lo plano de las actuaciones, unido a un pésimo montaje y a un guión imposible del propio director antojan excesiva la inversión en una entrada de cine para ver “esto”. No estoy en contra de los remakes, aunque normalmente representen visiones como mínimo distorsionadas de sus respectivos originales, pero “The wicker man” nunca debió ver la luz.
Uno puede pensar que, ante lo disparatado en general de la película, podría ser ideal para reirse de ella al menos, pero ni siquiera eso: si algo produce la película es indiferencia y una sensación constante de chapuza que ni la presencia de Nicholas Cage o de Ellen Burstyn pueden disipar. Ni un solo susto, ni un momento de inquietud, ni uno es capaz de empatizar con los protagonistas en ningún momento, incluso teniendo en cuenta que durante toda la película, según el argumento, tocaría sufrir por el destino de una niña. Pues no, electroencefalograma plano.
Normalmente uno intenta destacar lo bueno de cualquier cosa, máxime cuando se supone que detrás de un proyecto normalmente reside un esfuerzo o al menos la intención de aplicarlo, pero sinceramente, en “The wicker man” no puedo apreciar nada que se salve de la quema general. Tras la primera escena del accidente, el guión es una sucesión de despropósitos. Podrían haber hecho buen uso del papel de Willow, destinado a confundir al agente de policía despistado de turno, pero en vez de eso, se limitan a dibujar a una exprometida chiflada que no sabe más que dar información inconexa al personaje perpetrado por Cage, como si el director-guionista fuera consciente de sus propias limitaciones al escribir el guión y optara por la parquedad de palabras en lugar de elaborar una trama con sentido. Ni el policía, auténtico motor de la película, es capaz de transmitir más que estupidez: no tiene ni dos dedos de frente, ni es capaz de atar cabos ante la evidencia, ni ganas que tiene. Todos los personajes están llevados de forma indolente y sin asomo de carisma o credibilidad. Asombra, eso sí, que Nicholas Cage haya puesto incluso dinero para producir esta película. Ni siquiera cabe la posibilidad de que se hayan dejado parte del metraje en el tintero, responsable en muchas ocasiones de fallidas producciones: el montaje que nos enseñan no esconde nada bueno. La banda sonora pasa tan desapercibida que en muchos momentos puede destacarse su total ausencia, lo que destaca aún más la desnudez ambiental y el poco clímax que es capaz de alcanzar.
Incluso la sustitución del "villano" de la película ayuda al despropósito. En la original de la Hammer, era un patriarca interpretado por Christopher Lee el encargado de soportar el peso ambiental de la cinta, pero aquí se sustituye por una mujer para reforzar el sentido pagano adorador de la figura femenina de la comuna de la isla.
En fin, una película destinada a ser olvidada cuanto antes... me recordó más a un capítulo malo de la serie fantástica Embrujadas que a una producción seria de Hollywood, y degrada a todos sus personajes principales y secundarios, casi lo peor que puede decirse en estos casos.
Crítica de The Wicker Man en Fantasymundo
Edward, que apenas puede creer que tenga una hija, pide ayuda a sus amigos policías y se desplaza desde California hasta una isla regentada por la matriarca Summersisle (Ellen Burstyn), donde desde el principio comienza a sentirse rechazado. Los extraños no son bienvenidos en la isla, y la única relación que mantienen con el exterior se basa en las periódicas entregas de suministros que realiza un piloto de hidroavión. La población de la isla se abastece a sí misma de los productos básicos, mediante una eficaz distribución del trabajo en forma de comuna. Pero Malus enseguida se topa con trabas en su investigación: los lugareños le evitan y se muestran esquivos e incluso violentos con él, niegan que alguna vez Rowan haya vivido en la isla y le aseguran que su exprometida está absolutamente desquiciada. Por su parte, Edward descubre toda una serie de ritos paganos en los que la población de la isla cree, y que bien podrían haber servido para condenar a su hija Rowan. Las mujeres dominan la vida social y productiva del lugar, y condenan a los hombres al ostracismo. Esa hostilidad se refleja también en el protagonista, que no sale de su asombro en cada entrevista que mantiene con los paisanos de la isla.
Para colmo de males, Willow se muestra reticente a revelar demasiado, advirtiéndole de que todo el mundo miente en la isla, y que saben mucho más de lo que dicen. El encuentro de Edward con varias mujeres no hace sino aumentar su inquietud… ¿qué se esconde tras esta trama?
Pues sinceramente no mucho: el director Neil LaButte (En compañía de hombres, Posesión), realiza un penoso remake de un clásico de 1973 de la británica Hammer, del mismo título y protagonizada en su día por Edward Woodward, el mítico Christopher Lee y Britt Ekland. Nada se salva en esta producción que ni sabe en qué género sentar sus posaderas. Si pretende dar miedo, no produce ni inquietud, si intenta crear un thriller no dispone ni de la mínima tensión, y si su único apoyo reside en el reparto, ni eso se salva. No solo la historia no tiene ni pies ni cabeza, sino que la ejecución del director dista mucho de ser siquiera un producto decente. Lo plano de las actuaciones, unido a un pésimo montaje y a un guión imposible del propio director antojan excesiva la inversión en una entrada de cine para ver “esto”. No estoy en contra de los remakes, aunque normalmente representen visiones como mínimo distorsionadas de sus respectivos originales, pero “The wicker man” nunca debió ver la luz.
Uno puede pensar que, ante lo disparatado en general de la película, podría ser ideal para reirse de ella al menos, pero ni siquiera eso: si algo produce la película es indiferencia y una sensación constante de chapuza que ni la presencia de Nicholas Cage o de Ellen Burstyn pueden disipar. Ni un solo susto, ni un momento de inquietud, ni uno es capaz de empatizar con los protagonistas en ningún momento, incluso teniendo en cuenta que durante toda la película, según el argumento, tocaría sufrir por el destino de una niña. Pues no, electroencefalograma plano.
Normalmente uno intenta destacar lo bueno de cualquier cosa, máxime cuando se supone que detrás de un proyecto normalmente reside un esfuerzo o al menos la intención de aplicarlo, pero sinceramente, en “The wicker man” no puedo apreciar nada que se salve de la quema general. Tras la primera escena del accidente, el guión es una sucesión de despropósitos. Podrían haber hecho buen uso del papel de Willow, destinado a confundir al agente de policía despistado de turno, pero en vez de eso, se limitan a dibujar a una exprometida chiflada que no sabe más que dar información inconexa al personaje perpetrado por Cage, como si el director-guionista fuera consciente de sus propias limitaciones al escribir el guión y optara por la parquedad de palabras en lugar de elaborar una trama con sentido. Ni el policía, auténtico motor de la película, es capaz de transmitir más que estupidez: no tiene ni dos dedos de frente, ni es capaz de atar cabos ante la evidencia, ni ganas que tiene. Todos los personajes están llevados de forma indolente y sin asomo de carisma o credibilidad. Asombra, eso sí, que Nicholas Cage haya puesto incluso dinero para producir esta película. Ni siquiera cabe la posibilidad de que se hayan dejado parte del metraje en el tintero, responsable en muchas ocasiones de fallidas producciones: el montaje que nos enseñan no esconde nada bueno. La banda sonora pasa tan desapercibida que en muchos momentos puede destacarse su total ausencia, lo que destaca aún más la desnudez ambiental y el poco clímax que es capaz de alcanzar.
Incluso la sustitución del "villano" de la película ayuda al despropósito. En la original de la Hammer, era un patriarca interpretado por Christopher Lee el encargado de soportar el peso ambiental de la cinta, pero aquí se sustituye por una mujer para reforzar el sentido pagano adorador de la figura femenina de la comuna de la isla.
En fin, una película destinada a ser olvidada cuanto antes... me recordó más a un capítulo malo de la serie fantástica Embrujadas que a una producción seria de Hollywood, y degrada a todos sus personajes principales y secundarios, casi lo peor que puede decirse en estos casos.
Crítica de The Wicker Man en Fantasymundo
lunes, octubre 16, 2006
The Fountain (La Fuente de la Vida)
Dirigida por el realizador neoyorkino Darren Aronofsky, y con guión de él mismo y su mejor amigo, Ari Handel, se estrenará próximamente The Fountain, traducida en España con el infame nombre de “La Fuente de la Vida”, que no da sentido al argumento ni la resume en absoluto. Tuve la oportunidad de verla la semana pasada en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, y la verdad, es bastante recomendable.
El hecho de que Handel, co-guionista, sea también doctor en neurocirujía, ayudó sin duda a Aronofsky, director así mismo de “Pí” y “Réquiem por un sueño”, a configurar la trama, complicado ejercicio de simultaneidad temporal. Si ya la tarea de escribir el guión fue complicada (después veréis porque), desde el principio hubo problemas más… técnicos. Darren tuvo que realizar grandes esfuerzos, y volverse literalmente loco para ver finalizada esta producción. En un inicio, la Warner Brothers puso sus ojos en el proyecto, y Brad Pitt era el destinado a dar vida a su protagonista masculino, junto a la estupenda Cate Blanchett (Galadriel en El Señor de los Anillos). Pero el guaperas Pitt vió el guión poco adecuado para su carrera y finalmente declinó su participación, dejando en la cuneta a todo el equipo técnico desplazado a Australia. Tras Brad, que terminó rodando “Troya”, se fue corriendo cual gacela Blanchett, y tras ellos dos los 100 millones de dólares de presupuesto inicial. Por supuesto, Aronofsky, que había rechazado jugosas ofertas económicas y artísticas por filmar “The Fountain”, entre ellas el último “Batman” y la esperada “Watchmen”, se volvió loco de atar: su proyecto, largamente acariciado, se esfumaba. Los estudios le retiraron los fondos y todo terminó, menos el crujir de sus uñas cada vez que las mordía. Tras tres años de esfuerzos, estábamos en el 2002 y el proyecto parecía morir.
Pero Aronofsky no se rindió. Llegó a la conclusión de que, si con 60.000 dólares de nada (según los cánones de la industria estadounidense del cine) fue capaz de rodar la exitosa e icónica “Pí”, podría hacer “The Fountain” sin tan jugoso presupuesto. Reescribió el guión para convertir su película en más barata para los estudios y llamó de nuevo a su puerta. Y quien la sigue, de vez en cuando la consigue. Con más de 30 millones de dólares, que ya está bien, y con Hugh Jackman (Lobezno en Xmen) y la guapísima Rachel Weisz, como protagonistas, y con la Warner de nuevo por medio, este magnífico cuento sobre el dolor ve la luz por fin. Aronofsky por fin respira.
No se confundan. La crítica, antes de verla sin duda, ha englobado automáticamente dentro del género de la ciencia ficción a “The Fountain”, a causa de las primeras fotos del rodaje que transcendieron. Pero nada más lejos. La última película de Aronofsky es un canto al dolor que produce de vez en cuando la vida, del esfuerzo por superar la muerte inminente de un ser querido, sobre la resignación.
Tommy Creo (Hugh Jackman), un reputado médico, lucha por descubrir una cura para el tumor que padece su mujer Isabel (Rachel Weisz). Experimenta con primates intentando descubrir la causa y la cura, mientras su esposa languidece próxima a la muerte. Ella intenta que pase con él sus últimos momentos y acepta su inminente muerte, mientras que Tommy ve en los progresos de sus experimentos la cara de la esperanza. Pasa todo el tiempo en sus laboratorios mientras ella empeora día a día. Pese a todo, Isabel comprende y anima a su marido, consciente de que, a pesar de la futilidad del intento, él necesita seguir adelante. Mientras, escribe un pequeño libro, que espera sirva a Tommy para aceptar su destino.
Un argumento inicialmente tan simple se complica y enriquece enormemente por la originalidad del planteamiento de Aronofsky. No se conforma con reflejar el dolor habitual de este tipo de situaciones, garantizado ya por la emotividad inherente a una enfermedad de este tipo, sino que va más allá. Utiliza la historia que escribe Isabel y los pensamientos de Tommy para crear dos realidades paralelas que rivalizan entre sí por alegorizar el dolor real y los sentimientos que atraviesa el protagonista. El espectador se ve atrapado inicialmente por este desdoblamiento perturbador, que resulta confuso a las primeras de cambio, pero se torna imprescindible más tarde, según evoluciona la trama. La fotografía es inmensa, preciosista, está perfectamente dibujada y planificada para ayudar a entender mejor los sentimientos de Tommy. Con el Árbol de la Vida como conductor común y aparente destino final, el personaje interpretado por Jackman evoluciona su dolor desde la rabia y la desesperación, a la impotencia y quizá la aceptación de la muerte de su esposa, pero no sin antes pasar por una serie de estados intermedios, alegorizados de forma contínua por estas dos realidades paralelas.
La metafísica, contínuamente presente en estas dos realidades, quizá pueda agotar y confundir a parte del público, pero sin duda la visión de esta película no dejará indiferente a nadie, no tanto por la crudeza de las emociones y la espectacularidad de las imágenes, sino por la curiosa mezcla de realidad y fantasía épica que consigue Aronofsky. No es una producción para todos los públicos, está claro; el director no la ha rodado para las grandes masas. Ha escrito una historia destinada a hacer pensar en lo que de verdad merece la pena, a conmover la fibra sensible y a disfrutar de las alegóricas visiones.
Hugh Jackman se destapa como un auténtico actor dramático, está de veras inmenso, lo cual resulta una sorpresa. Sus registros interpretativos, escasamente explotados en otros proyectos, se ven reflejados en el protagonista de "The Fountain" de forma magistral. Son en realidad tres papeles en uno, aunque todos ellos con el mismo nexo de unión, la espina dorsal de la película: comparten el mismo dolor, y el mismo afán de superación del mismo.
Pese a que muchos críticos desdeñan a Rachel Weisz, para mí es una buena actriz, sobre todo en papeles dramáticos, como es el caso. Pese a lo difícil de su situación enfermiza, transmite a la perfección el optimismo desesperado destinado a animar a su pareja que comparten algunos enfermos terminales. Los distintos grados de degeneración de su salud saltan a la vista al espectador, que empatiza con ella en mayor grado si cabe gracias a su buena interpretación.
Mención aparte merece la madura Ellen Burstyn, que repite con el director tras intervenir en “Réquiem por un sueño”, por su buen hacer en el papel de Lilian, una compañera de trabajo de Tommy, que intenta poner un poco de cordura en éste. Como siempre, muy eficaz y sobria.
Insisto, la complejidad de la película puede asustar en un inicio, pero rápidamente la historia envuelve al espectador, merced a las imágenes y a las tres historias enlazadas. El ritmo narrativo es constante y uno tiene la contínua sensación de avanzar hacia un lugar en concreto, pese a que en ocasiones las escenas parezcan sucederse de forma arbitraria. Aronofsky no tiene piedad con nosotros, y la música de Clint Mansell no resulta ser demasiado brillante, aunque acompañe a la perfección a las imágenes: eso sí, si queréis música para conciliar el sueño por las noches, comprad la banda sonora.
“The Fountain” es bastante recomendable, pero eso sí, como siempre hay que ser consciente de lo que uno va a ver… cuestión de gustos. En el pasado Festival de Venecia, el público acogió la película con una mezcla de aplausos y abucheos a partes iguales, sin embargo, la recepción en el estreno en Sitges ha sido apoteósica: aplausos por doquier. Vosotros decidís…
El hecho de que Handel, co-guionista, sea también doctor en neurocirujía, ayudó sin duda a Aronofsky, director así mismo de “Pí” y “Réquiem por un sueño”, a configurar la trama, complicado ejercicio de simultaneidad temporal. Si ya la tarea de escribir el guión fue complicada (después veréis porque), desde el principio hubo problemas más… técnicos. Darren tuvo que realizar grandes esfuerzos, y volverse literalmente loco para ver finalizada esta producción. En un inicio, la Warner Brothers puso sus ojos en el proyecto, y Brad Pitt era el destinado a dar vida a su protagonista masculino, junto a la estupenda Cate Blanchett (Galadriel en El Señor de los Anillos). Pero el guaperas Pitt vió el guión poco adecuado para su carrera y finalmente declinó su participación, dejando en la cuneta a todo el equipo técnico desplazado a Australia. Tras Brad, que terminó rodando “Troya”, se fue corriendo cual gacela Blanchett, y tras ellos dos los 100 millones de dólares de presupuesto inicial. Por supuesto, Aronofsky, que había rechazado jugosas ofertas económicas y artísticas por filmar “The Fountain”, entre ellas el último “Batman” y la esperada “Watchmen”, se volvió loco de atar: su proyecto, largamente acariciado, se esfumaba. Los estudios le retiraron los fondos y todo terminó, menos el crujir de sus uñas cada vez que las mordía. Tras tres años de esfuerzos, estábamos en el 2002 y el proyecto parecía morir.
Pero Aronofsky no se rindió. Llegó a la conclusión de que, si con 60.000 dólares de nada (según los cánones de la industria estadounidense del cine) fue capaz de rodar la exitosa e icónica “Pí”, podría hacer “The Fountain” sin tan jugoso presupuesto. Reescribió el guión para convertir su película en más barata para los estudios y llamó de nuevo a su puerta. Y quien la sigue, de vez en cuando la consigue. Con más de 30 millones de dólares, que ya está bien, y con Hugh Jackman (Lobezno en Xmen) y la guapísima Rachel Weisz, como protagonistas, y con la Warner de nuevo por medio, este magnífico cuento sobre el dolor ve la luz por fin. Aronofsky por fin respira.
No se confundan. La crítica, antes de verla sin duda, ha englobado automáticamente dentro del género de la ciencia ficción a “The Fountain”, a causa de las primeras fotos del rodaje que transcendieron. Pero nada más lejos. La última película de Aronofsky es un canto al dolor que produce de vez en cuando la vida, del esfuerzo por superar la muerte inminente de un ser querido, sobre la resignación.
Tommy Creo (Hugh Jackman), un reputado médico, lucha por descubrir una cura para el tumor que padece su mujer Isabel (Rachel Weisz). Experimenta con primates intentando descubrir la causa y la cura, mientras su esposa languidece próxima a la muerte. Ella intenta que pase con él sus últimos momentos y acepta su inminente muerte, mientras que Tommy ve en los progresos de sus experimentos la cara de la esperanza. Pasa todo el tiempo en sus laboratorios mientras ella empeora día a día. Pese a todo, Isabel comprende y anima a su marido, consciente de que, a pesar de la futilidad del intento, él necesita seguir adelante. Mientras, escribe un pequeño libro, que espera sirva a Tommy para aceptar su destino.
Un argumento inicialmente tan simple se complica y enriquece enormemente por la originalidad del planteamiento de Aronofsky. No se conforma con reflejar el dolor habitual de este tipo de situaciones, garantizado ya por la emotividad inherente a una enfermedad de este tipo, sino que va más allá. Utiliza la historia que escribe Isabel y los pensamientos de Tommy para crear dos realidades paralelas que rivalizan entre sí por alegorizar el dolor real y los sentimientos que atraviesa el protagonista. El espectador se ve atrapado inicialmente por este desdoblamiento perturbador, que resulta confuso a las primeras de cambio, pero se torna imprescindible más tarde, según evoluciona la trama. La fotografía es inmensa, preciosista, está perfectamente dibujada y planificada para ayudar a entender mejor los sentimientos de Tommy. Con el Árbol de la Vida como conductor común y aparente destino final, el personaje interpretado por Jackman evoluciona su dolor desde la rabia y la desesperación, a la impotencia y quizá la aceptación de la muerte de su esposa, pero no sin antes pasar por una serie de estados intermedios, alegorizados de forma contínua por estas dos realidades paralelas.
La metafísica, contínuamente presente en estas dos realidades, quizá pueda agotar y confundir a parte del público, pero sin duda la visión de esta película no dejará indiferente a nadie, no tanto por la crudeza de las emociones y la espectacularidad de las imágenes, sino por la curiosa mezcla de realidad y fantasía épica que consigue Aronofsky. No es una producción para todos los públicos, está claro; el director no la ha rodado para las grandes masas. Ha escrito una historia destinada a hacer pensar en lo que de verdad merece la pena, a conmover la fibra sensible y a disfrutar de las alegóricas visiones.
Hugh Jackman se destapa como un auténtico actor dramático, está de veras inmenso, lo cual resulta una sorpresa. Sus registros interpretativos, escasamente explotados en otros proyectos, se ven reflejados en el protagonista de "The Fountain" de forma magistral. Son en realidad tres papeles en uno, aunque todos ellos con el mismo nexo de unión, la espina dorsal de la película: comparten el mismo dolor, y el mismo afán de superación del mismo.
Pese a que muchos críticos desdeñan a Rachel Weisz, para mí es una buena actriz, sobre todo en papeles dramáticos, como es el caso. Pese a lo difícil de su situación enfermiza, transmite a la perfección el optimismo desesperado destinado a animar a su pareja que comparten algunos enfermos terminales. Los distintos grados de degeneración de su salud saltan a la vista al espectador, que empatiza con ella en mayor grado si cabe gracias a su buena interpretación.
Mención aparte merece la madura Ellen Burstyn, que repite con el director tras intervenir en “Réquiem por un sueño”, por su buen hacer en el papel de Lilian, una compañera de trabajo de Tommy, que intenta poner un poco de cordura en éste. Como siempre, muy eficaz y sobria.
Insisto, la complejidad de la película puede asustar en un inicio, pero rápidamente la historia envuelve al espectador, merced a las imágenes y a las tres historias enlazadas. El ritmo narrativo es constante y uno tiene la contínua sensación de avanzar hacia un lugar en concreto, pese a que en ocasiones las escenas parezcan sucederse de forma arbitraria. Aronofsky no tiene piedad con nosotros, y la música de Clint Mansell no resulta ser demasiado brillante, aunque acompañe a la perfección a las imágenes: eso sí, si queréis música para conciliar el sueño por las noches, comprad la banda sonora.
“The Fountain” es bastante recomendable, pero eso sí, como siempre hay que ser consciente de lo que uno va a ver… cuestión de gustos. En el pasado Festival de Venecia, el público acogió la película con una mezcla de aplausos y abucheos a partes iguales, sin embargo, la recepción en el estreno en Sitges ha sido apoteósica: aplausos por doquier. Vosotros decidís…
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