viernes, octubre 13, 2006

Hijos de los Hombres (Children of men)

Hoy fuimos a ver al Festival de cine Fantástico de Sitges la última película del mexicano Alfonso Cuarón (Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, Grandes Esperanzas), protagonizada por Clive Owen, Julianne Moore y Michael Caine, y basada en una novela de Phyllis Dorothy James, más conocida como P.D. James, y autora de, entre otros, “Sabor a muerte”, “Intrigas y deseos”, “El pecado original”, “Muerte de un forense”, “Un impulso criminal”, “Sangre inocente” y la última en editarse en España: “El Faro”. “Hijos de los hombres” es su primera incursión fuera del género criminal que tantos éxitos le ha dado.

No estaba preparado para esta película. Esperaba una película típica de ciencia ficción “made in” Hollywood, con buenos efectos especiales, aceptable guión y una compensada actuación. No en vano Clive Owen (El caso Bourne, Amar Peligrosamente, El rey Arturo, Sin City, Sin Control, Plan Oculto) me parece uno de los actores más creíbles que últimamente ha parido la industria estadounidense del cine. “Sin City” nos demostró la clase de actor que era este inglés de 42 años recién cumplidos, de rostro expresivo y gran presencia frente a la cámara, que ganó en 2005 un Globo de Oro por su papel en Closer y fue nominado a los Oscar. El tráiler de “Hijos de los Hombres” (Children of men) ya me atrajo irresistiblemente por la historia, pero quién iba a pensar lo que se me venía encima.

“Hijos de los Hombres” parte de un futuro no muy lejano, en el que las mujeres son infértiles y hace 19 años que ningún niño ve por primera vez la luz en el mundo. Sin risas infantiles, bajo la inamovible creencia en la decrepitud de la raza humana, ésta, por primera vez en su historia, se ve privada de su más íntima razón de existencia y vitalidad: la supervivencia. Cada ser humano es consciente de que, cuando su vida se apague, ninguna otra vendrá a ocupar su lugar en el mundo, no habrá un mañana para nadie. La realización a través de los propios hijos, algo consustancial a cualquier animal en la Tierra, les es negada. Unos optan por la negación, otros por la indiferencia: tan solo unos pocos continúan creyendo en una solución. Sin un mañana, las distintas sociedades del mundo paralizan su desarrollo, catatónicas, incrédulas… atónitas.

La esperanza se pierde, pues ni los más eminentes científicos encuentran la causa común de la infertilidad. Al inicio, los embarazos se interrumpían pasados los primeros meses de gestación: los abortos eran cada vez más frecuentes, y se producían cada vez más cercanos a la fecha de la concepción, hasta que las mujeres dejaron de quedarse embarazadas. Los estudios científicos se sucedieron, pero los esfuerzos pronto quedaron sepultados por la certeza. ¿Contaminación, pandemia, castigo divino? Nadie sabe la causa, pero la realidad se impone. Ante su dureza, en el año 2027, unos reaccionan preparándose para lo inevitable y comprando kits de suicidio, otros simplemente ignoran la realidad y siguen con sus vidas como mejor pueden en medio de la negación, y otros se refugian en la religión, interpretando la infertilidad como un “castigo divino” por los errores y la arrogancia de la raza humana.

Pero nada de esto es posible para Theo (Clive Owen), un antiguo activista que perdió a su hijo hace años, en tiempos de la epidemia de gripe, cuando era apenas un jovencito. La que fue su mujer, Julian (Julianne Moore), continúa su lucha contra la misteriosa enfermedad que le arrebató a su hijo, lidiando contra el gobierno en busca de la verdad. Theo no puede olvidar a su hijo, y cada día supone para él una tortura. El no ser la única víctima no le consuela en absoluto, y su matrimonio se rompió hace ya veinte años. Su única ligazón con la realidad son las frecuentes visitas a su amigo Jasper (Michael Caine), una antigua figura pública cuya mujer se encuentra mentalmente enferma: hace tiempo que no siente nada. Jasper conoce el dolor que atenaza a Theo, e intenta consolarle con su peculiar humor. Alejado de Londres, en medio del campo y escondido de miradas curiosas, sobrevive gracias a sus contactos en el mercado negro.

Gran Bretaña, escenario de la historia, es un país imperialista que ha conseguido librarse del caos internacional, instaurando una política represora destinada a acallar las críticas internas. El territorio rural comienza a despoblarse y a convertirse en un peligroso campo de guerra, así que la población que sobrevive huye a las ciudades, los únicos lugares donde el gobierno puede garantizar los servicios mínimos y una seguridad aceptable. Fuera de ellas es peligroso transitar, ya que peligrosos grupos anarquistas saquean y matan a los viajeros.

Las primeras víctimas del gobierno fueron los inmigrantes. Sabían que no podrían hacer frente a las necesidades mínimas de la población inglesa si debían soportar la ingente llegada de inmigrantes a sus costas, así que optaron por una solución salomónica: cada día, mediante redadas llevadas a cabo por las ciudades, les detienen y les internan en campos de concentración. Algunos son asesinados, otros torturados y despojados, abandonados a su suerte en el inmenso gheto.

Un buen día, una camioneta se abre por sorpresa y unos hombres secuestran a Theo. Al llegar a una nave abandonada, descubre que su mujer, Julian, es la responsable de su cautiverio. Su organización lucha por los derechos de los inmigrantes, y mediante una férrea organización, han conseguido librarse de los militares y sus campos. Y quieren que Theo les ayude.

La organización necesita papeles para una refugiada inmigrante llamada Kee (Clare-Hope Ashitey). Ésta ha de llegar a la costa, donde la esperará un bote, que la llevará a un mítico barco llamado Mañana (Tomorrow), en el que los miembros del Proyecto Humano intentan encontrar desesperadamente una cura para la infertilidad. Nadie sabe si existe realmente el proyecto, pero la desesperación les empuja, porque Kee es… la primera embarazada en casi veinte años. Ella, con una criatura en su seno desde hace ocho meses, es la esperanza de toda la raza humana, la luz al final del camino, el símbolo que podría unir de nuevo a aquellos que buscan el futuro sobre el destino. Pero supone también el último botín para todo aquel que quiera hacerse con el poder. Luke (Chiwetel Ejiofor, el cazador de la Alianza en “Serenity”), que domina a los integrantes del grupo de Julian, intentará hacerse con el niño por motivos políticos. El viaje resulta aún más peligroso de lo planeado en un principio, y Theo deberá huír de todos y ayudar a la futura madre a llegar al barco.

Podría decirse que, más que una película, “Hijos de los Hombres” es un documental. Como tal está rodado, con curiosos movimientos cámara al hombro, una fotografía realista y un crudo hilo argumental, y cumple su función completamente. Uno no tiene la sensación de ver una película, sino de asistir a un fragmento de la vida de un grupo de personas. Esta película no se ve, se vive. La sencillez y el dramatismo del planteamiento, llega por igual a todas las edades y creencias. La negación de la concepción, el futuro borrado de la faz de la Tierra, la certeza de que no habrá un mañana. Como reza una pintada: ”El último en morir que apague la luz”.

Todo esto es ya de por sí responsable de la empatía que produce en el espectador, pero la forma de presentar el argumento de Cuarón es el verdadero acierto de esta película-documental. Las escenas son crudas, sin concesiones ni dramatismos adicionales, se identifica perfectamente con lo que podría ser la realidad. Sin paños calientes, sin ocasionales huecos para reflexiones esperanzadas: todo está perdido, y los protagonistas lo saben, lo sienten en sus carnes. Sus gestos, la forma anodina de conducirse y la consternación que la población mundial siente por la repentina muerte de la persona más joven de la Tierra, son indicativos suficientes de la desesperanza más absoluta que les embarga. La fotografía realista contribuye al marco de forma prodigiosa, convirtiendo al montaje en un relato que podría ser real. Las secuencias normalmente son impactantes, de una crudeza sobrecogedora, tan solo interrumpida por ocasionales momentos de humor necesarios para no saturar de desespero al espectador, pero enseguida el director vuelve a la carga: la misión es demasiado oscura, las circunstancias demasiado perturbadoras y violentas como para permitir otra cosa. El espectador sufre con los protagonistas: el director nos obliga a ello, nos empuja directamente al abismo y aún más, nos gira con sus propias manos la cara y nos señala la caída.

La película comienza de forma espectacular: Theo se salva por los pelos de una bomba colocada en una cafetería de la que momentos antes había salido tras pedir un café. Mientras camina aturdido por el ruido y la deflagración, se ve a una mujer que recoge su propio brazo, inerte y arrancado de raíz. La cara de Theo refleja que no es el primer atentado que presencia o del que oye hablar. La conversación de otros protagonistas lo confirma: en Londres los atentados terroristas son comunes. Contínuas referencias a desastres en otros países (Madrid es arrasada) refuerzan esa sensación de apocalipsis contínua de la que Gran Bretaña tan solo se libra por los pelos. Ciudades enteras diezmadas, manifestaciones y grupos anarquistas violentos toman las calles en otros países. Los grupos inmigrantes se organizan para evitar la represión del gobierno británico, mientras otros ciudadanos intentan seguir con sus vidas.

Una vez que nos tiene convencidos, llorando por la raza humana y desesperados, Cuarón da una vuelta de tuerca más. Solo cuando la abultada barriga de Kee se descubre, el espectador asiste atónito, empatizando con los mismos protagonistas, a un último rayo de futuro, a un halo de humanidad recuperada. A la vida, en definitiva. Theo se queda sin habla en esa escena, y en ese momento recupera la fe, la fuerza en la lucha de su vida. Su única misión consistirá en llevar a esta mujer al mítico barco.

El nacimiento alivia y maravilla al espectador como si estuviera viviendo el momento junto a los personajes. Pero el miedo se instaura enseguida de nuevo en nuestros corazones: en medio del caos y la violencia, un ser tan frágil, y portador de la última esperanza del ser humano, no puede sobrevivir sin ayuda. Theo, el héroe anónimo por antonomasia, sin hogar, sin futuro pero con una misión redentora, luchará por ese primer niño.

La escena principal de la película es sobrecogedora: por fin el niño, oculto a otros ojos que no fueran los de su madre, Theo y una inesperada ayuda de una inmigrante, es por fin revelado a los militares y refugiados. La adoración casi mística que profesan mientras Kee camina entre ellos con el niño en brazos emocionaría a una piedra. Apartan en ese momento toda lucha, todo dolor, toda desesperanza, todo miedo… para dar paso a la maravilla del nuevo nacimiento. A cada metro que recorren con el bebé en brazos, el éxtasis llega a cada alma, no pueden evitar mirar extasiados a la esperanza cara a cara: un nuevo día ha llegado, y la dura y fría noche poco a poco cede ante la luz. Pero no os preocupéis, no os desvelo el final, esta es solo la escena clave conceptualmente hablando, refleja todo el sentimiento del argumento, nada más y nada menos.

Incluso los momentos en un campo de concentración, con los perros acosando a los detenidos, las jaulas con encapuchados y la fotografía recuerdan a las escenas de las torturas de los soldados estadounidenses en Abu Ghraib y otros campos en Irak que todos pudimos ver por televisión. En alguna escena también la sangre salpica la cámara, sobrecogiendo aún más al espectador.

Hacía años que una película no me llegaba de forma tan clara y profunda. Tras bajarse el telón, mi primer pensamiento fue: “¡¡joder, esto es cine!!”. Y es que, amigos, una película no debería ser nada forzado, no debería notarse “el truco” del prestidigitador. Asistimos diariamente a muchas producciones que tan solo consiguen rozar ese nivel de realidad que deberíamos exigir en un cine: “Hijos de los Hombres” la consigue por completo, de la mano de un director como Cuarón y un actorazo como Clive Owen. Esto es cine, es tan solo una casualidad que sea de ciencia ficción. Es una historia humana, punto y aparte. Mi único temor es el doblaje: la he visto en versión original, e incluso eso refuerza la sensación de realidad. No me imagino a Kee hablando un castellano neutro, cuando en la versión original se le nota el marcado acento inglés africano. En fin, veremos.

En España se estrena el 20 de octubre. Id a verla. No diré más, merece la pena.

Os dejo con una cita del libro de P.D. James, una frase del protagonista masculino:

Hemos apartado de nosotros, como padres en duelo, todos los recuerdos dolorosos de nuestra pérdida. Los juegos para los niños han sido retirados de las plazas... Quemaron todos los juguetes, excepto las muñecas que algunas mujeres no del todo cuerdas utilizan como sustitutos de niños. Las escuelas estuvieron cerradas durante un largo tiempo hasta que las clausuraron o las convirtieron en establecimientos de educación para gente adulta... Solo en los casettes y los discos se escuchan las voces de los niños.. . Para algunos resulta insoportable, pero para la mayoría de la gente funcionan como una droga.


Tráiler de Hijos de los Hombres

viernes, septiembre 29, 2006

De relax

Tras el "parto" del anterior post del blog no he vuelto a pensar en este cubículo hasta ahora. Debéis comprenderlo, necesitaba un poco de descanso tras empujar, empujar y seguir empujando. Las contracciones vinieron rápidas tras la semana de incubación en Lanzarote, y el niño me quedó hermosote, tanto que hubo familiares que no quisieron verlo entero. Es normal, no se lo reprocharía a nadie, nació crecidito. No lo busqué, nació así.

Desde entonces sigo relajado como un trozo de mástil que se deja arrastrar indolente por la marea. La catarsis canaria me ha sentado de maravilla, lo reconozco. Llevo trabajando dos semanas completas, con el currele al día, pero me da la sensación de seguir en el hotel de Canarias.

Y por esa razón, aunque temitas hubo para comentar aquí, no me decidí a daros la brasa como suelo hacer. Bueno, el miércoles la cosa se interrumpió un poco, ya que la nena se puso enferma y tuvimos por precaución que llevarla al hospital, pero en cuanto le hicieron la ITV, todo fue bien. Salió ayer por la tarde, y está mejor. Esto me ha bajado un poco a tierra, pero hoy he vuelto a despegar. A volar, como si no pesase nada. Y que dure...

No suelo bailar, lo hago de pena, parezco Bender (el de Futurama) en plena crisis epiléptica, pero últimamente me siento inmerso en un Gran Vals inglés, bailando como si en los pies tuviese alas. Ahora p'aquí, ahora p'allá, pirueta por ahí, carambola por allá.

Últimamente todo me sale bien. Mis hobbies sobre todo, van viento en popa. Ojalá todo el año sea así; intentaré arrastrar esto al menos hasta que finalice... ¿lo conseguiré?

Suena gilipollas este post, y tonto por añadidura, pero si queréis haceros una idea, imaginad precisamente eso: un gilipollas mirando como un bobo a un punto indeterminado del horizonte. Así estoy yo... tonto perdido :-D

sábado, septiembre 16, 2006

Luna de miel en Lanzarote y Fuerteventura

Los dos en la CuevaLa presente crónica de la luna de miel es un poco larga (más bien es un ladrillazo del copón), y está ilustrada con más de sesenta fotos del viaje, que podéis ver en las miniaturas y los enlaces en negrita. ¿Porqué algo tan largo? Pues la verdad es que el viaje me ha impresionado tanto que no he podido hacer menos. Ahí va :-)

Tras habernos casado felizmente, sin apenas contratiempos, con buena comida y unos divertidos festejos, tras todas las despedidas de los seres queridos y el recuerdo para los que faltaron por unas u otras causas, llegó el turno a la luna de miel. La esperábamos como agua de mayo, ya que, aunque todo salió bien y hacía tiempo que estábamos de vacaciones (sobre todo yo, aunque con varias visitas a la oficina), nos encontrábamos notablemente cansados, tanto física como emocionalmente. Tras unos días en Santes Creus, donde nos casamos, y la despedida a mis padres, nos fuimos a casita.

Con la casa recogida y limpia casi como cuando la estrenamos (aún recuerdo el hartón que nos pegamos para que estuviese decente y pasase la inspección de mi madre en su primera visita, si incluso pintamos el pasillo), nos pusimos a hacer las maletas. En total llevábamos tres rígidas llenas de ropa y complementos varios (una enorme, otra normal y otra más chiquita), y alguna que otra bolsa de mano, más otra maleta de tela vacía y plegada dentro de una de ellas, en previsión de los regalos que tendríamos que traernos de vuelta. ¡Tantos bultos!

Tras terminar de hacer las maletas a altas horas de la noche, nos fuimos a dormir para despertarnos tempranito e ir al aeropuerto. Una vez allí, acompañados por el suegro, salimos del coche y nos dirigimos a recoger los pasajes y facturar las maletas. Entonces nos damos cuenta: ¡los piscolabis! Nos habíamos dejado las cosas de comer en el coche del suegro con las prisas. Le llamamos por teléfono, da toda la vuelta al caótico aeropuerto de El Prat y regresa con la comida. Ya seguros de no habernos dejado nada imprescindible, vamos a por los pasajes. Nos dirigimos antes a la oficina de Soltour, tal y como nos habían comentado, pero la chica, tras esperar un rato, nos dice que no hace falta, que nos podemos ir a la ventanilla de la compañía aérea, y rápidamente, corremos a hacer cola entre el gentío.

Salimos puntuales en avión, con Air Europa y la típica charla de la azafata de turno: casi tres horas de vuelo, saldremos de Barcelona, atravesaremos Valencia, el estrecho de Gibraltar, Casablanca y luego, como ansiado destino, Lanzarote (el enlace conduce a un mapa de la isla, de imprescindible consulta para leer esto xD). Queremos tranquilidad y relax, y ¡por nuestras muelas que lo vamos a conseguir!

El viaje lo pasamos más o menos bien, con siestecita incluída. Los cielos están más o menos claros y se ve en ocasiones el paisaje. Los asientos son muy cómodos y espaciosos, ya que por una enorme casualidad nos toca justo en la ventanilla de emergencia, y están obligados a dejar más espacio de lo usual. La pega es que no puedes llevar nada suelto o encima ni durante el despegue ni durante el aterrizaje, pero bueno, es un mal menor…

Aterrizamos en el aeropuerto de Arrecife, cerca de la capital de Lanzarote del mismo nombre, y la primera impresión es realmente curiosa: muchísimo calor, sensación de humedad pero al mismo tiempo de sauna finlandesa. Por primera vez tenemos la sensación de haber dejado todo el tema de la boda atrás. La verdad, teníamos ganas de irnos lejos, pero al mismo tiempo de que la luna de miel fuese relajada, y no queríamos sufrir las inclemencias de aterrizar en un país diferente con otra lengua. En Lanzarote se tiene esa sensación: estás en otro lugar distinto, de peculiar atractivo, pero al mismo tiempo sigue siendo España.

Tras salir del aeropuerto con todas las maletas, nos conducen a la guagua, término con el que designan en Canarias a los autobuses. Tras hablar con el conductor, metemos las maletas y salimos hacia el hotel.

Mapa de LanzaroteArrecife, tal y como podéis ver en el mapa, está situada en la parte sureste de la isla, y el hotel en la suroeste, en la zona de Playa Blanca, un lugar residencial en primera línea de playa, a pocos kilómetros de Fuerteventura. Puede parecer bastante distancia desde el aeropuerto, pero realmente en Lanzarote todo está a un tiro de piedra. En autobús, puedes recorrer de extremo a extremo la isla en una hora, con la carretera que la atraviesa, en medio de campos de cultivo y casitas blanquísimas. En veinte minutos estábamos en el hotel, pero no sin antes sufrir la conducción de los amables canarios. El adjetivo no va con sarcasmo alguno, es gente realmente agradable, aunque en ocasiones uno se sienta como un guiri lo haría aquí en Barcelona: observado, algo despreciado y en ocasiones timado. Pero es normal en un sitio turístico. Lo realmente pésimo de Lanzarote es la conducción de la gente y lo deplorable de las señales de tráfico. No en vano las islas tienen el mayor índice de accidentes de todo el estado español: la gente conduce como si viviese en un rally permanente, toma las curvas como si le persiguiera el mismo diablo, da igual el vehículo que se utilice. Pero la señalización va a juego: prácticamente inexistente o confusa, lleno de pequeñas glorietas y cambios de sentido.

Tras pasar por varios hoteles, por fin llegamos al nuestro: el H10 Rubicón Palace, una auténtica maravilla que nos hizo mucho más placentera la luna de miel. Ya el vestíbulo del Rubicón impresiona notablemente: su construcción es bastante atípica para Canarias, ya que basa su decoración interior y el sustento de las traviesas de los techos en la madera, que sin duda hay que importar, ya que árboles, lo que se dice árboles, en Lanzarote apenas hay. Como podéis ver en las fotos, el interior es impresionante. Tras entrar, animadísimos, nos dirigimos a la recepción. Tras esperar un poco, ya que había otros huéspedes haciendo cola, nos dan la tarjeta-llave de la habitación y nos dirigimos a ella. Por cortesía, la dirección del hotel, al hacer la reserva y comentar que era una una de miel, nos obsequiaron sin cargo alguno una suite (habíamos pagado una doble normal), una botella de cava de una marca que no había visto jamás (Prisma, algo fuertecita), un pack de tres botecitos de mermelada (incluída una de cactus que aún no hemos probado) y el mejor regalo de todos: una entrada al Spa, que disfrutamos muy mucho.

Grandeee… la suite era bastante amplia, empezando por la cama de dos por dos metros (y no es broma), un baño más que decente y terminando por la estupenda terracita (esos edificios que se ven de fondo también son del hotel) de la que disponíamos, con una mesa y dos sillas para solazarnos con el ocaso (no las utilizamos nunca porque jamás tuvimos tiempo de pararnos). La habitación era estupenda, con un acceso bastante sencillo desde el vestíbulo del hotel, y situada en una zona tranquila, en el edificio principal, con vistas a Fuerteventura. Dejamos las maletas y nos tumbamos en la cama. Desde aquí censuro la estancia en la habitación hasta que fuimos a explorar el hotel. Espero que lo entendáis, y sino, francamente, me importa un bledo, como decía en la versión española Rhett Butler. Si queréis porno, este no es el sitio xD

Dimos una vueltecita por el hotel, que la verdad, era bastante grande. Con casi 600 habitaciones, incluyendo multitud de apartamentos y seis piscinas, varios edificios, tiendas, centro de talasoterapia (con sauna, baño turco,…), jardines, discoteca, teatro, billares, futbolines, varios restaurantes y centros de ocio… impresionante tanto por la magnitud, por la calidad y por la extremada limpieza que presidía el entorno. Una atención de primera y una orientación similar. La verdad es que si ahora mismo eligiese algún lugar donde pasar relajado otra semanita, sería ese.

Estábamos en primera línea de mar, en la zona de Playa Blanca, un bonito lugar costero con un puerto bastante pequeño pero bien cuidado, del que salían varios ferrys hacia Fuerteventura. Realmente estábamos cerca de esta otra isla, como podéis comprobar en esta otra foto: las luces del fondo forman parte de la isla. Varias playas salpicaban la costa, algunas de arena y otras de roca volcánica, pero bañadas por un mar tranquilo y de temperatura media. No es el cantábrico, pero el olor del atlántico en esas latitudes me pareció que tenía poco contenido en salitre, y su brisa era bastante agradable. Si no fuera por la dureza del paisaje en sí, de origen volcánico, hubiera resultado hasta bucólico. De día hacía bastante calor, pero por la noche una fuerte brisa, de la que eran responsables los vientos alisios, se desataba entre las rocas y el hotel, rebajando la temperatura y convirtiendo los ocasos en una dulce calma nocturna. Tras el agobio de Barcelona, la noche canaria fue como un bálsamo para nosotros, con el sordo romper de las olas en la costa.

La primera tarde y noche las invertimos en el necesario descanso, y en probar uno de los restaurantes que entraban en el “todo incluído”, régimen de pensión completa que permitía comer en dos restaurantes, un bar de snacks y beber en los centros de ocio nocturnos todo menos agua, sin cargo alguno. El buffet libre de la noche nos pareció excelente y realmente variado, y con la sensación de haber acertado en la elección del hotel, pasamos nuestra primera noche, que procedo a censurar igualmente. No sé que otra cosa pensábais que iba a hacer :-P

Ya el segundo día, recibimos la visita de nuestro agente Soltour en el hotel, que nos informó de las diferentes excursiones que podíamos hacer. De las cuatro posibles, elegimos tres; más se nos hizo excesivo, teniendo en cuenta que siete días de estancia, repletos de excursiones y visitas libres a distintos lugares, iba a responder poco a nuestro modelo de “luna de miel de relax”. Con tres bastaba, a saber: una a Jameos del Agua, al extremo nororiental de la isla, otra alrededor de Lanzarote y otra a Fuerteventura. Las excursiones son bastante baratas, entre 35 y 70 euros por persona, y son absolutamente imprescindibles, hay que decirlo.

El tiempo que no estuvimos de excursiones, lo invertimos en comprar regalos variados y en visitar algunos lugares andando (cosa que nos pareció más sana que utilizar indiscriminadamente los baratos taxis de Lanzarote). Nos recorrimos varios kilómetros de costa con algunos regalos a cuestas, mientras sacábamos fotos a todo lo que se movía y nos relajábamos con el sonido del mar y las vistas de la isla. Y claro, censurando un poco.

Playas de guijarrosTambién fuimos alguna vez a las piscinas, que disponían de saltos de agua relajantes, donde se produjo el acontecimiento trágico de la luna de miel. Nos disponíamos a pasar la tarde en la mayor de las piscinas, así que por precaución nos aplicamos cremita en la habitación (“yo te doy cremita, tú me das cremita, aprieta fuerte el tubo que sale muy fresquitaaa”, los de las mereth sabrán porque la canto) por buena parte del cuerpo. Aquí censuramos un poquito más. Bajamos, dejamos las cosas en las tumbonas y entramos en la piscina. No cubría mucho, apenas un metro y poco, así que nos ponemos a nadar un poco y a hacernos mimos como corresponde [más censura], cuando pasa el rato y decidimos subir a la habitación para ducharnos, dar una vuelta y cenar. Ya en la ducha, me miro el dedo y me asusto: “¡¡joder, no llevo el anillo!!” Se lo digo a Sonia, que se asusta “¡¡Joder no lo llevas!!…”. Aquí no hace falta que censure nada, pues no hubo violencia (menos mal) ni, por supuesto sexo, ya que perder el anillo de bodas no es un adecuado afrodisíaco. Bajamos a toda prisa y Sonia, que no se había duchado aún, inspecciona la piscina en busca del anillo. Yo me dedico a mirar por el exterior, no vaya a ser que se me hubiera caído en las tumbonas, aunque recordaba haberlo llevado en la piscina. No lo encontramos, y desesperados, nos dirigimos a recepción a avisar de la pérdida. Nos comentan, muy amablemente, que si alguien lo devuelve, lo dejarán allí, que preguntemos. Sonia hace un nudo a uno de nuestros pañuelos, mientras repite la plegaria: “San Antonio bendito, si no me lo encuentras no te lo quito”, convencida de que eso ayudará a que aparezca el anillo. Yo me muestro escéptico, pero aún así la animo “por si acaso”: todo lo que pueda hacerse para recuperarlo, es bueno.

Jameos del Agua De mala leche y hastiados, nos vamos a cenar. Esa noche tuvimos la primera excursión, a Jameos del Agua, en el extremo nororiental de la isla. Los Jameos del Agua es el extremo del tubo volcanico que une el mar con la llamada Cueva de los Verdes (de la que luego os hablaré) y la montaña de la Corona. Durante las erupciones junto al mar, la lava colapsó hacia fuera en burbujas y se enfrió, formando grutas alargadas con aberturas al exterior, semejantes a burbujas que explotan en el chocolate caliente (el símil es de una de las guías de otra excursión, no mío, pero muy apropiado). Tras enfriarse la lava por estos conductos huecos, el agua formó pequeños lagos internos, y en los Jameos precisamente habita una curiosa especie de cangrejos albinos y ciegos, que los lugareños denominan “jameítos” (“Jameo” es un vocablo local que no existe en castellano). Estos animalicos son muy sensibles al ruido, y estuvieron a punto de morir por la costumbre de la gente de lanzar monedas al lago, que se corroían y afectaban a estos invertebrados. Pudimos apreciar unas pequeñas motas junto a las monedas, y apreciar un poco menos el minúsculo tamaño de los jameítos, apenas de una cuarta parte de las monedas. A partir de ese momento, los jameítos para nosotros eran “caspas”: blanquitos y poca cosa.

La leyenda dice otra cosa con respecto a los jameos del agua: cuentan que un berberisco se enamoró de una muchacha cristiana. Él la sedujo con promesas y baratijas, y durante un tiempo se encontraron apasionadamente en ocasiones, haciendo gala de su mutuo amor, pero un dia ella se cayó al fondo transparente del lago interior de los Jameos, que se abrieron para tragar el cuerpo de la pecadora. Él lloró por su amada hasta que no le quedaron lágrimas, y su espíritu se le apareció una noche suplicándole que peregrinara descalzo por el áspero "malpei" (o “malpaís”, como se llama al suelo recubierto por coladas de lava), cosa que hizo. Tras lo cual, los sacerdotes lo bautizaron como cristiano (personalmente prefiero el método tradicional, el agua en la frente y listos). Algunos aseguran que aún en ciertas noches se pueden oír sus lamentos sobre la superficie cristalina del lago.

Mithrand en Jameos del Agua tomando una clara En el interior de la gruta dejada por el paso del magma, han instalado un bar de copas, con un pequeño escenario donde pudimos escuchar varias isas (canciones populares canarias) y tomar unas copichuelas. Para tomar la foto que veis, con la tremenda oscuridad que había, tuve que quedarme muy quieto durante algunos segundos, y con el obturador abierto la cámara hizo el resto. Realmente precioso el lugar; al parecer, fue el primer centro turístico que se creó en la isla, bajo la dirección de César Manrique, un hombre al que adoran con razón, y que es responsable de muchos proyectos medioambientales y turísticos de Lanzarote. Era como Gil y Gil pero en bueno, estaba en todo, forma parte de muchos lugares que hoy son santuario de Lanzarote.

La guía nos contó muy pocas cosas: no sé si era por la nocturnidad de la excursión, pero apenas nos obsequió con una pequeña redacción repleta de repeticiones, malas definiciones y vaguedades que consiguió que no nos enteráramos de nada. Menos mal que la guía de la siguiente excursión nos informó un poco más. Tras una noche agitada, volvimos al hotel tras otra hora de viaje en autobús. Y no os preocupéis, esta vez no censuraré, ya que no hace falta. Íbamos tan agotados, que no hubo más que hacer que dormir y descansar. Se siente, para una vez que lo iba a contar todo con pelos y señales… xDDD

Al día siguiente preguntamos en recepción si habían visto el anillo, antes de ir a desayunar. Intentaron hablar con los encargados de cuidar la piscina, que la aseaban cada noche, por si se había deslizado por los filtros del agua, pero fue imposible, nos comentaron que pasásemos en otro momento, cosa que hicimos más tarde. Al parecer, una mujer lo había encontrado, y muy amablemente, lo había dejado en recepción. Bendiciendo mil veces a la mujer, me pongo de nuevo el anillo en el dedo y nos vamos felices como ostras. Ni que decir tiene que cumplimos nuestra palabra: deshicimos el nudo del pañuelo, como manda la tradición. A veces compensa creer con fe ciega, creedme :-D

Por la tarde fuimos a invadir el Spa con la invitación que nos había dado el hotel. Si existe el cielo en la tierra, está en Lanzarote, más concretamente en ese hotel. El centro de talasoterapia es impresionante: piscinas con aguas termales, chorros de presión, sauna, baño turco, distintos pasadizos inundados con aguas aromatizadas o con gravilla en el fondo para masajear las plantas de los pies, y un río simulado con corrientes artificiales. Y, por supuesto, dos jacuzzis. Estuvimos cuatro horas metidos allí, y terminamos de lo más relajados, en serio, una absoluta delicia. Sin duda repetiremos en otra ocasión, sea allí o en otro lado xD

La siguiente excursión era la que más esperaba. Incluía una visita a El Grifo, tierra de viñedos, a la Cueva de los Verdes, al Parque Nacional del Timanfaya y, sobre todo, lo que más ansiaba: una vueltecita encima de un dromedario. La guía era una señora simpatiquísima, una italiana que parecía de la misma isla, por el cuidado que ponía en sus explicaciones y por el “nosotros” que presidía la conversación siempre que hablaba de los habitantes de Lanzarote. Ese día vimos bastantes cosas. Vayamos por partes.

La Cueva de los Verdes estaba al ladito de Jameos del agua, así que nos tocó todo un viajecito en guagua hasta allí de nuevo, tras recoger por diferentes hoteles a otros compañeros de viaje, varios españoles y portugueses bastante amables.

Fotografía de la Cueva de los VerdesLlegamos a la Cueva de los Verdes, donde también el magma había formado túneles como en los Jameos del Agua, solo que en este lugar las aberturas son interiores, y no están a cielo abierto, como ese lugar. También se entraba por una gruta, pero los corredores por donde la lava había pasado eran bastante más largos y en ocasiones practicables, merced a un camino que habían pavimentado ligeramente y a unas luces que habían instalado en el interior, para iluminar. Los pasajes eran preciosos pero angostos, y allí descubrí en toda su plenitud el maravilloso mundo del obturador de la cámara réflex digital. Sonia me instruyó en su uso, muy adecuado para zonas de luz tenue. La cámara deja el obturador abierto hasta que consigue suficiente luz para realizar la fotografía en condiciones más o menos óptimas de iluminación. El problema es que todo ha de estar absolutamente quieto durante la exposición, porque de lo contrario la foto saldría desenfocada. A base de intentos, conseguimos hacer unas sorprendentes y preciosas fotografías del interior de la Cueva de los Verdes. Al menos había dos pisos diferenciados en la cueva, y comenzamos la excursión por el inferior, para salir por el superior. La excursión interna dura cerca de una hora, y en ocasiones los pasadizos, franqueados por lava solidificada con óxido de hierro y otras sustancias colorantes en su superficie, son tan angostos que uno tiene que casi arrodillarse para pasar. Desde luego no es apto para claustrofóbicos.

En cierto momento, tras haber visitado el pasillo inferior, la guía nos indicó que esperásemos, porque aún había un grupo en el superior. Cuando se fueron, nos hizo pasar, pero no sin antes indicarnos que no hablásemos para no “romper la magia”, y que una vez arriba, elegirían a alguien para que lanzase una piedra por un despeñadero, para que pudiésemos apreciar su profundidad. Una vez arriba, con todos reunidos en el borde del desfiladero, eligió a una mano “inocente”, que lanzó una piedra. Ahí se desveló el secreto de la Cueva, que no se ha de divulgar a nadie que no la haya visitado antes. Yo, por respeto a la guía y a los habitantes de Lanzarote, tampoco lo hago, os quedáis con las ganas :-P

Os recomiendo pasar por la Cueva de los Verdes si alguna vez vais a Lanzarote, es imprescindible, aunque conozcáis el secreto :-D

Tras salir de allí, nos dirigimos al mirador de Haria, que dominaba toda la zona y desde el que incluso se veía el mar. En esta atalaya había un puesto de comidas y una tienda de recuerdos, donde comimos unos churros de pescado buenísimos, papas arrugadas (patatas cocidas al punto de sal) y un pastelito de canela con coco encima. Vimos también unos curiosos helechos que crecían sin maceta colgados del techo. Tras tomar algunas fotografías, enseguida seguimos viaje.

También pasamos por unos curiosos viñedos de camino al Parque de los Volcanes, en El Grifo, donde el peculiar clima de Lanzarote permite incluso la cosecha de vino. La bodega fue fundada en 1775, varios años después de las erupciones de Timanfaya, y plantan los viñedos de una forma peculiar pero que allí es habitual a casi cualquier tipo de cultivo: hacen un hoyo en la tierra volcánica, y lo protegen con un muro de piedra refractaria propia de la zona, para que no lo sepulten los vientos alisios, y allí plantan la vid. Las viñas cubren una buena superficie de terreno, y hacen tres tipos de vino: uno blanco, un tinto y un moscatel. Primero probamos el blanco, que resultó bastante insípido, y luego nos dieron a probar el moscatel, muy dulce y grato al paladar. Ya en el colmo de la valentía, y pese a las advertencias de la guía, quise probar el tinto. ¡Qué cosa más horrible! En serio, parecía un vino picado, avinagrado, funesto y untuoso, malísimo. Hay que tener en cuenta también que es más difícil que la vid encuentre buen sustento en esa tierra, pero el tinto está “de muerte”. Cogimos un par de botellas de moscatel, una para nosotros y otra para el suegro, como curiosidad, y nos fuimos.

Sonia y Mithrand en dromedarioAhora tocaba el pequeño pero intenso recorrido en dromedario. Cuando llegamos al aparcamiento de los de dromedarios (de una sola joroba, por si alguien no lo tiene claro), habría unos cincuenta de estos bichos diseminados en filas en un terreno aplanado, y grupos de turistas se iban subiendo a ellos y avanzaban por las laderas, mientras otros grupos iban llegando y “aparcando”. Tras bajar de la guagua, uno de los conductores de dromedarios, un árabe muy silencioso de mediana edad, nos organizó por parejas y nos subió a las sillas para dos personas. Distribuía bien el peso, intuyendo el de cada persona y añadiendo un contrapeso para equilibrar. A nosotros dos nos hizo intercambiar los lugares, pero le dijimos que pesábamos más o menos lo mismo. Nos creyó y nos situó a cada lado del dromedario. El bicho, que tenía muy malas pulgas, cuando nos vió llegar, y pese a estar sentado, enseguida flexionó el cuello hacia atrás e intentó atacar a Sonia, que trastabilló y por poco se cae de espaldas al suelo. Al fallar, el animalico cabroncete cambió de lado y lo intentó conmigo, pero rápidamente dí un saltito atrás y quedé fuera de su alcance, o eso pensé. El cabrito apuntaba bien, directamente a mis partes nobles, y debió quedarse con las ganas, porque inmediatamente lo intentó de nuevo. Por fortuna, reaccioné a tiempo y me protegí, así que tan solo pudo alcanzarme en el muslo de la pierna derecha. El conductor le dio un correctivo y enseguida pudimos subirnos. Nos ató una especie de cinturón de seguridad rudimentario de lado a lado de la silla (de cuerda, vamos), y nos agarramos con las dos manos en los asideros de ésta. Aseguró al resto de la caravana y comenzamos la ascensión. Nunca había ido en camello, y he de reconocer que me gustó mucho. La sensación es bastante curiosa: al montar sobre una silla para dos, ésta se balancea continuamente de un lado a otro según el dromedario apoya unos pies u otros para avanzar, así que tan pronto bajas como subes mientras avanzas. En nuestro caso, el dromedario cuya cabeza estaba atada al nuestro no paraba de golpear contra el vestido y las zapatillas de Sonia, para irse cada poco a mi lado y acosarme. Pero debió atraerle los colores con los que mi mujé (que raro suena) estaba vestida, porque se pasaba el tiempo con ella. Prueba de ello es esta foto, que Sonia pudo hacer metiendo la cámara entre sus pies y enfocando al acosador hacia atrás. A la vez, nuestro dromedario, como si sintiera celos, pasaba el rato intentando golpear con la cabeza a los jinetes del animal que teníamos delante. Y solo golpear, puesto que los dromedarios tenían la cabeza metida en una especie de bozal metálico cubierto de tela, que evitaba que mordiesen o escupiesen a la gente, cosa que al parecer les encanta hacer. Los de delante eran una pareja de mediana edad, mañica para más señas, y el tío respondía al animal con golpes contundentes, mientras le iba amenazando: “¡¡como te me acerques te arreo!!”. Menudo duelo de titanes… por el cruce de miradas entre uno y otro, el entorno agreste y desértico y la tensión que se mascaba en el ambiente, enseguida me puse a pensar en los duelos tan característicos de las pelis spaghetti-western de Sergio Leone. Impresionante, oyes… ¿quién de los dos sería Clint Eastwood?

El recorrido no era largo, pero invertimos unos quince o veinte minutos en hacerlo. Me parecieron curiosas las pezuñas y el equilibrio audaz de estos animales. Pisasen lo que pisasen daba igual, siempre conseguían un apoyo perfecto. Finalmente, desmontamos en la misma explanada de inicio. Ya con el bicho sentado, Sonia intentó fotografiar al acosador que teníamos detrás, cuando éste, sin duda molesto por salir en el plano, casi le da un tremendo cabezazo. Suerte que, mientras ella le enfocaba, yo le grité “¡¡cuidado!!” y pudo apartarse a tiempo, porque se agachó a toda prisa cámara en mano mientras él le pasaba a escasos centímetros. Y lo mismo me ocurrió a mí con el mismo dromedario antes de desmontar de la silla, solo que me pilló de espaldas y nadie me avisó, pero me pasó también a escasos centímetros (en esta foto ya estaba agachado tras esquivarle). Malditos bichos… xD Luego, la guía nos explico que vivían como reyes, trabajando solamente hasta las cinco, siempre el mismo recorrido, bien cuidados y limpios: para ellos era jauja, pero ya se sabe que contra mejor te tratan… xDDD

Tras comer en un lugar situado antes del Parque Nacional del Timanfaya, donde la comida no estaba mal (ni se os ocurra probar el gazpacho repleto de vinagre aunque el cocido canario está bastante bien), pero los precios de la tienda de recuerdos estaban por las nubes, seguimos viaje hacia el noroeste, para entrar en el Timanfaya. Pero antes de recorrerlo.

Tras este episodio, volvimos al vehículo para entrar en el Timanfaya, donde tan solo pueden penetrar guaguas cerradas. Ni vehículos ni personas particulares a pie. Al parecer, su intención es mantener el Parque Nacional del Timanfaya totalmente virgen, y libre de los restos que las visitas turísticas son tan aficionadas a dejar diseminados: bolsas de patatas fritas, botellas de cerveza, condones,… no hay nada de eso allí. Las guaguas entran y salen y no queda más contaminación que el humo proviniente de los motores, que gracias al viento se dispersa con facilidad. No puedo decir lo mismo de la costa de Playa Blanca, donde cada poco te encontrabas con restos dejados por ahí por turistas faltos de respeto. Incluso una vez, volviendo al hotel, nos tropezamos con un gran grupo de ingleses haciendo una barbacoa en una de las playas, en plan fiestuqui, cuando están protegidas. Pero en fin, hay gente que por visitar un país ya cree que es suyo.

Parque Nacional del TimanfayaHace aproximadamente 30 millones de años que existen las Islas Canarias, situadas en la región macaronésica, formada también por los archipiélagos de Madeira, Azores, Islas de Cabo Verde y las Islas Salvajes, surgidas como consecuencia de la separación de la placa americana y la áfricana-europea y el nacimiento del Atlántico. La separación produjo una fisura, que formó una cordillera submarina, la Dorsal Atlántica. El rozamiento entre las placas oceánica y continental dio lugar a erupciones submarinas. Como continuación a estos movimientos, entre 1730 y 1736 los volcanes de Timanfaya eruptaron sin parar lava durante seis años continuados, y formaron un pasaje lunar apocalíptico en el parque, digno de verse. El fuego líquido abrasó varias localidades y cultivos, pero permitió que Lanzarote aumentara su superficie, gracias a la solidificación de la lava sobre el mar, que compone el paisaje total del Timanfaya. Verlo es realmente espectacular, no solo por lo agreste del terreno: los 25 cráteres volcánicos (el más espectacular la Tacita de Chocolate) y la soledad del lugar son abrumadoras, salida de una peli de ciencia ficción en la luna. Este, como ningún otro lugar de la isla, representa su origen, y el peligro que se cierne sobre Lanzarote si algún día los volcanes volvieran a eruptar lava ardiente. Esa sensación persiste mientras la guagua avanza por los paisajes lunares del Timanfaya. Cualquiera diría que el demonio ha querido fabricarse una casita propia ahí. Vimos basantes volcanes, en especial la tacita de chocolate, y muestras curiosas del comportamiento de la lava, como el Manto de la Virgen, una burbuja con forma de ídem que formó ésta y se solidificó rápidamente en contacto con el aire.

Tras hacer el recorrido de rigor por el parque, paramos la guagua en un pequeño mirador, donde hicimos tres pequeños experimentos guiados por la organización. El primero era sencillo: un hombre provisto de una pala, cogió en ella piedrecitas de ceniza volcánica pero aún caliente, una especie de gravilla de color anaranjado, y nos fue distribuyendo una parte a cada uno. Nos comentó antes que, si podíamos sostener las piedras con la mano cerrada nos las podríamos llevar, las únicas piedras en la isla que se permite robar al turista. Todos fueron pasándose el montón de la mano derecha a la izquierda, alternativamente, hasta que unos no podían más y las lanzaban lejos, u otros conseguían enfriarlas. Yo, que tan solo disponía de una mano por llevar la cámara en la otra, no tardé ni dos segundos en arrojar las puñeteras piedrecitas, mientras que Sonia, que disponía de las dos y más resistencia al calor, consiguió llevárselas. ¡Premio!

El segundo experimento era diferente. Querían que comprobásemos hasta que punto teníamos cerca los volcanes, así que sobre una abertura en el suelo, de la que salía un calor sofocante, pusieron un montón de paja seca, que no tardó absolutamente nada en arder. Según nos comentaron, los fuegos están aún en activo, aunque distintos sensores controlan posibles erupciones… ¡hay que ir siempre prevenidos!

El tercero ya nos lo esperábamos, nos habían advertido, e íbamos con la cámara preparada. Consistía en introducir agua a temperatura ambiente en unos orificios. Debido a la presión y a las altas temperaturas, se producía un efecto similar al de un géiser: es decir, el agua, convertida en vapor, saltaba varios metros en el aire. El momento era difícil captar en fotografía, y testigos de ello son las dos fallidas que tomé, en las que solo se ve una nube de vapor de agua descendiendo. Os enseño una de ellas.

En el interior del mirador hay una parrilla en la boca de un túnel vertical, en cuyo fondo aún descansa la lava. Los gases salen de ahí a altas temperaturas, y usan esa parrilla para asar carne para el restaurante.

Tras terminar en el Timanfaya, fuimos un ratito a las Lagunas del Janubio, en El Golfo, donde pudimos ver una curiosa laguna esmeralda, junto a una preciosa playa donde algunos temerarios se estaban bañando en medio de un insistente viento. De camino al hotel pasamos por las Salinas del Janubio, un lago de unos 1.000 metros de circunferencia que a su vez es un centro de producción, donde los “campos” de cosecha donde el agua se evapora hasta que queda la sal toman distintos colores, según el tipo de plancton que tengan. Todo esto lo vimos desde la guagua, aunque hay buenas fotos (una vez más bendita cámara). Las salinas estuvieron un tiempo paradas, pero recientemente volvieron a producir sal en las charcas.

Tras quince minutos de carretera más, llegamos al hotel, cansados pero contentos de la excursión. Habíamos visto cosas muy interesantes, y sacado multitud de fotos. Deseábamos ante todo descansar, porque al día siguiente temprano teníamos la tercera y última excursión de la luna de miel: un “safari” en jeep por Fuerteventura que prometía ser bastante aventurero. Durmimos un rato, censuro otro poco y nos arreglamos para ir a cenar al restaurante. El buffet libre estupendo como siempre, un poco de conversación, y a la habitación a descansar. Ya no vuelvo a censurar hoy… que llevamos mucho trajín y censurar dos veces en un día como que no xDD

Al día siguiente nos levantamos con el cuerpo relativamente reparado, nos vestimos adecuadamente, con bañador y chancletas, y metemos en la bolsa de mano lo imprescindible. Y por supuesto, la cámara. Bajamos al restaurante, desayunamos, siempre con el zumo de piña abriendo y cerrando la comida (mientras estuve allí bebí zumo de piña para desayunar, comer y cenar todos los días), y luego cosillas saladas variadas. Tras finalizar, vamos a la entrada del hotel, ya que tienen que recogernos allí. Pero llega la hora y nadie aparece. Dejamos pasar quince minutos y llamamos al número de atención al cliente de Soltour. No saben nada, pero llamarán a su vez a nuestro agente y nos dirán algo. Pasan otros quince minutos y volvemos a llamar. Nos dicen que nuestro agente nos llamará a su vez, que no nos preocupemos. Conscientes ya de que no saldríamos, Anacleto nos llama. Con tono de sueño, nos explica que la excursión se ha cancelado y que si la queremos hacer el jueves. Como compensación, nos dejarán en recepción dos DVD’s con información sobre Lanzarote, una especie de documentales que jamás olimos. Po fale. Podrían haber avisado antes… además, nos marchamos el viernes, y lo que menos nos apetece es hacer una excursión agotadora el día anterior, pero en fin, habrá que tragar si queremos ver Fuerteventura. ¿Qué hacemos ahora durante el resto del día, censurar? Pues no, una pena pero no, porque nos tocaba… ¡comprar regalosss!

Toda la mañana nos la pasamos en la costa de Playa Blanca recorriendo tiendas y supermercados, buscando lo que queríamos regalar a cada uno al mejor precio. Era bastante curioso, ya que los precios variaban enormemente según el establecimiento. Algunas cosas llegaban incluso a valer casi el doble de un lugar a otro. Además, casi todos los dependientes eran de habla inglesa o tenían rasgos orientales, circunstancia que me pareció sorprendente, pero luego me comentaron que la isla estaba llena de ingleses y alemanes, que no solo llegaban como turistas, sino que muchos eran residentes. Tras varias horas de compras, y cargados de paquetes, regresamos andando al hotel anhelando descanso y comida. Volvimos justo a tiempo para que no nos cerraran el restaurante, y tras comer nos fuimos a la habitación a descansar de nuestra pequeña hazaña. Por la tarde, playita y el típico plan nocturno.

El día siguiente volvimos de nuevo a las tiendas, pero esta vez a un mercadillo que se celebraba dos días a la semana en un pueblo cercano, a varios kilómetros de distancia. Fuimos andando otra vez, con calma, pero a ciegas. El hotel puso a nuestra disposición un autobús de cortesía, pero cuando fuimos a cogerlo ya estaba lleno, así que nos decidimos a ir a pie. Preguntando se llega a cualquier lado, como digo yo. Fue largo, pero lo hicimos a buen ritmo. Básicamente vendían ropa, aunque también pudimos comprar algunos recuerdos y regalos más. Redondeamos la mañana consumista volviendo hasta el puerto a pie, donde compramos los últimos presentes para familiares y amigos y cogimos un taxi desde allí al hotel. Tras comer nos fuimos a la piscina y pasamos la tarde.

El Jeep de Mithrand y SoniaY por fin la última excursión. Como la otra vez, nos levantamos pronto y demás, pero en esta ocasión sí vinieron a recogernos, pero no en guagua, sino en jeep. Tras el corto viaje al puerto, embarcamos en el ferry camino a Fuerteventura. El mar estaba en calma chicha, y tardamos nada más que doce minutos en llegar desde Lanzarote. Una vez allí, agruparon a todos los jeeps y nos dieron la charla de rigor. Ese día faltaban guías, así que nos tocó un conductor profesional que había hecho el recorrido varias veces pero no sabía tanto como los que solían hacerlo. Y él, consciente de ello, nos llevó hasta otro jeep donde el guía jefe comentaba como sería el recorrido: Corralejo, Majanicho, Cotillo, Tindaya, Vallebrón, Dunas de Corralejo y vuelta. Es decir, desde el norte, en el puerto de Corralejo, donde nos dejó el ferry, enfilamos hacia el oeste por la costa, hacia Cotillo (aquí otra foto de la playa), a través de caminos de grava y polvo, para llegar a una preciosa playa de arena orgánica blanquísima donde descansamos un rato. Luego nos dirigimos hacia el sur, hacia Tindaya, donde cambiamos de dirección hacia la costa este, la que da a África, pero esta vez por el interior de la isla. Nos detuvimos en Lajares, donde comimos, y seguimos rápidamente hasta el Parque Natural de Corralejo, ya en la cara africana de Fuerteventura, donde pudimos ver las dunas de arena, incluso pudimos rodar por una bastante empinada. Tras este episodio, fuimos a una masificada playa, y allí nos bañamos en el mar por fin, quitándonos el polvo del camino. Tras una parada de más o menos una hora, fuimos de nuevo al norte, al puerto, donde cogimos de nuevo el ferry hacia Lanzarote.

El viaje en sí estuvo genial. Me tocó de copiloto en uno de los jeeps, y lo pasé de lujo dando botes por los caminos de cabras por los que nos llevaban. Eso sí, como la caravana estaba formada por ocho jeeps, íbamos chupando el polvo de los que iban delante, y cuando me dí cuenta estaba cubierto por una fina capa de polvillo bastante molesta, pero no me importó lo más mínimo. Disfruté como un enano, y no tenía ganas de que terminara… fue quizá la excursión donde menos maravillas vimos pero la más lúdica de todas. Y los conductores estaban casi todos locos perdidos: si había dos posibilidades de seguir camino, escogían aquella que les obligaba a dar más botes o vueltas, y siempre se picaban entre ellos por ser los primeros de la caravana, echando carreras. Una vez se pusieron a conducir en círculos únicamente con los pies, sostenidos sobre el jeep, mientras los pasajeros alucinábamos en colorines y un copiloto empleado grababa un vídeo que luego repartieron previo pago, claro. Una vez, en medio del camino, pudimos ver a una ardilla cruzando… nos paramos y le echamos alguna fotito. Por lo demás, los únicos animales que vimos fueron cabras, a montones… de su leche se hace un queso bastante bueno que tuvimos la ocasión de probar y comprar. Por lo visto, nuestro conductor comentó que no necesitaban vallados, ya que tampoco tenían depredadores naturales ni adonde ir. El único peligro que corrían eran los furtivos, que de vez en cuando asaltaban los rebaños y se llevaban algún cabrito para hacerse una barbacoa al día siguiente. La excursión fue entretenida, y vimos algunos paisajes nuevos (para mí esta es una de las mejores fotos), que no parecían existir en Lanzarote.

Nos pasamos el resto del día en el hotel descansando del viaje, y lavándonos un poco. No tuvimos ánimos para hacer nada más… la excursión nos había dejado agotados.

La mañana siguiente era la última, ya que ese viernes teníamos que dejar la habitación a las 12:00 horas e irnos al aeropuerto a la una para salir a las tres y media en avión para Barcelona. Precisamente esa mañana habíamos concertado sendos masajes en el Spa, para relajarnos al dejar el hotel. En realidad, estaban programados para el jueves, pero con el cambio de día de la excursión tuvimos que aplazarlos para el viernes. Me tocaba antes a mí, un masaje terapéutico de cuerpo completo, y luego a Sonia, uno relajante de piernas, así que me tocó a mi gestionar el abandono de la habitación. A las doce ya tenía las maletas en consigna y esperaba a Sonia, para comparar experiencias en el Spa.

Mi masaje fue increíble. Nunca pensé que un cuerpo humano pudiera crujir tanto… la fisioterapeuta me arregló por completo, aunque para ello tuviera que estirar buena parte de mis extremidades y cada músculo de mi espalda. Me dio unas cuantas recomendaciones sobre posturas anatómicas y salí como nuevo. El masaje duró en total media hora justa, y sin duda repetiré en un futuro. La verdad es que me gustaría saber hacer lo que la fisio me hizo, fue impresionante, y un poco extraño, parecía un pelele en sus manos: “ahora pon la pierna así, y el brazo relajado así… relájate”, “túmbate boca abajo y relájate”,… etc. En una ocasión, pensé que me descoyuntaba del todo, parecía un nudo gordiano en pleno lío. Salí recuperado, aunque el cuello me dolía un poco.

Tomando algo en el hotelTomamos algo en el piano-bar mientras hablábamos, y dejamos pasar el tiempo hasta que nos vinieron a recoger para llevarnos al aeropuerto. Una vez allí, nos dirigimos al uno de los mostradores de Air Europa, donde facturamos las maletas. Cuando la chica las pesó, alucinamos: teníamos 22 kilos extra. Por supuesto, teníamos que pagar por ese peso extra, aunque la chica fue amable y nos quitó diez porque “tengo un buen día”. Menos mal, porque esos 12 kilos nos costaron la friolera de ¡¡75 euros!! A 6,25 euros el kilo, impresionante.

Tras el clavazo, cogimos los bultos de mano y fuimos a comer a un Burguer King, que estaba en el interior del aeropuerto, y a las tres embarcábamos en el avión. Llegamos sin novedad a Barcelona, donde los suegros nos estaban esperando para ayudarnos a llegar a casa. Les enseñamos fotos, vídeos y demás, les dimos sus regalos y nos fuimos a cenar al chino con ellos. Llegamos a casa bastante tarde y nos pusimos a dormir, totalmente agotados…

martes, agosto 29, 2006

Soy un hombre casado (ay dió)

Anillo de Boda de AlejandroY llegó el día D. Sabado 26 de agosto de 2006. Amanezco bastante tranquilo tras una noche de muda conversación con la almohada; al parecer la boda no afecta a mi sueño, lo cual agradezco a la providencia. Es curioso pero normalmente soy bastante tranquilo... aunque no siempre. Hay que decir que tanto Sonia como yo nos vestimos en la misma casa, aunque por supuesto no me dejaron verla hasta la ceremonia: un segurata (uno de sus tíos) franqueaba el pasillo, lo cual hacía complicado divisarla hasta para sus familiares.

Cuando consideré oportuno (hora y pico antes de la ceremonia), me afeité, duché y vestí. Según la concurrencia estaba irresssssistible. No sé si querían tranquilizarme ante una posible fuga de la novia o realmente estaba guapetón, pero casi todo el mundo lo decía. Pasamos el rato con chistes y chascarillos varios, y media hora antes de las 13:00 enfilamos el camino al monasterio de Santes Creus, lugar de la ceremonia, con la compañía del chófer (un tío de Sonia), y mis padres. Tras los dos minutos del viaje (la urbanización está realmente cerca del monasterio), salí del coche con algún nervio ya en el cuerpo; vamos, la típica punzada en el estómago, que se pasó enseguida saludando a los que habían llegado antes que yo, parte de la familia de Sonia. Enseguida llegó la delegación merethiana, veinte amigotes, y entre la conversación y el cachondeíto la punzada desapareció del todo.

Pero casi llegaba la hora, así que cogí del brazo a la maaaama y me dirigí al portalón de la iglesia, a esperar a la novia, que, por supuesto, llegó tarde, aunque no demasiado. En ese momento los nervios hicieron acto de presencia, no solo en mí, sino en mi madre, que no sabía que hacer de lo emocionada que estaba. Juntos enfilamos el camino al altar y allí esperamos hasta que la novia apareció rutilante. Mientras, apareció en escena donde estábamos mi madre y yo un primo canijo de Sonia, de año y medio, que quiso unírsenos invadiendo la alfombra roja que pisábamos. Pero enseguida llegó la novia acompañada del suegro.

En ese momento ambos estábamos igual de nerviosos y solos ante el peligro, en un duelo fratricida con el pistolero de la ciudad, el sacerdote. La misa fue en bilingüe: primero hablaba en castellano y luego traducía al catalán, aunque alguna vez volvía a su lengua materna (la segunda) involuntariamente, para retornar al castellano en cuanto se daba cuenta. Yo ya me había tranquilizado con el comienzo de la ceremonia, mientras que Sonia parecía cada vez más nerviosa: incluso le entró la risa floja en un episodio del temita, pero supo salir airosa. Imma leyó las plegarias (no sé si se dice así) y el sacerdote se comió las frases que tenía que decir Julia, entre ellas un recuerdo a nuestros abuelos y familiares varios que no pudieron estar en la ceremonia (entre otras cosas porque algunos fallecieron en su día). Nos dimos el "si quiero" y nos pegamos el tradicional beso frente al altar. Tras ponernos los anillos, que trajeron Juanito y Sergio, primos de Sonia, llamaron a los testigos para firmar conforme nos habíamos casado: por mi parte Ramón y Juan Carlos, merethianos de pro y amigotes de ley, y por parte de Sonia Sandra y Esther.

Tras la protocolaria firma, salimos de la iglesia para recibir una lluvia de arroz en la puerta. Algunas andanadas iban con muy mala leche, especialmente las de los primos pequeños de Sonia, que las tiraban como balas de abajo a arriba, haciendo incluso daño. Ni que decir tiene que acabamos hasta arriba de arroz, hasta tal punto que podría haberse hecho una buena paella con los granos que se nos quedaron en el cuerpo. Duró mucho la lluvia blanquecina, y cuando paró por fin nos pusimos a hacernos las fotografías de rigor con familiares y amigos, con un solazo de rigor que casi nos derrite. No sé cuanto tiempo estuvimos, pero seguramente superó los veinte minutos. Pero ciento treinta invitados lo merecen…

Tras terminar la sesión fotográfica familiar, nos tocó a nosotros dos solos en el interior del monasterio. Solo nos dejaron entrar (no era hora de visita) con el fotógrafo profesional y nadie más, así que sin asistentes nos echamos unas cuarenta o cincuenta instantáneas con la magnífica mampostería del monasterio cisterciense de Santes Creus de fondo. Ya tenía ganas de terminar, claro; entre que no soy muy de fotos, que estaba cansado, acalorado y hambriento… estaba rezando por finalizar e irme al restaurante.

Ya en su interior (andando no lleva más de tres minutos llegar desde el monasterio), empezó el cachondeo. La etiqueta y las lágrimas se trocaron en carrerillas, vítores, risas y parabienes. Pasó todo rapidísimo, apenas me dio tiempo a apreciar las enhorabuenas, el cachondeo, la buena comida, los grandes amigos, la nueva familia, los bailes, las fotos, el ambiente de fiesta,… me lo pasé realmente bien, pocas veces he estado tan a gusto, rodeado de buena gente por todos lados. Si la ceremonia es una pequeña tortura para cualquiera, la celebración fue la compensación a todos los días de desvelos, de preocupaciones, de llamadas, de sinsabores, de ilusión...

Cuando hicimos la lista de bodas teníamos claro a quienes queríamos invitar, pero había un grupo de gente que, aparte de la familia, deseaba con todas mis fuerzas tener cerca. Y allí estaban los que pudieron asistir, dando apoyo y cariño a raudales. Desde aquí os doy las gracias por venir, ya que sin vosotros, la boda no hubiera sido lo mismo, lo digo en serio. Aunque solo sea por un detalle: me costó conseguir que Sonia accediera a cortar la tarta nupcial con Narsil, pero vosotros me apoyásteis y al final dijo el segundo “sí, quiero”. Vamos, solo os invité por eso xDDDDDDDDDDDD

Preguntaréis por las fotos… no os preocupéis, están en camino. El viernes nos iremos a Lanzarote de luna de miel, pero después prometo subirlas a un lugar muy, muy especial. Habrá innumerables fotografías y algún vídeo, sobre todo de la despedida, en la que me vistieron con un traje blanco y verde de elfita corredora de bosques, y a Sonia con un traje de novio improvisado. Imaginad mi ancha espalda enfundada en un traje medieval vaporoso… no digo más de momento :-D

¿Qué si recomiendo la experiencia? Realmente no me siento distinto tras haberme casado, quizá ayude el hecho de llevar ya tres años viviendo juntos, uno ya en soledad. Sí, llevo un anillo en el dedo, de acuerdo… cuesta acostumbrarse a ello, ya que nunca lo he llevado, pero por lo demás, todo es lo mismo de siempre. Sigo enamorado y creo que me siguen queriendo (o eso espero) xD Espero que no cambie nada… bueno, sí, una de las abuelas de Sonia está muy contenta porque ya no “vivimos en pecado” xDDD

Si os amáis y deseáis celebrarlo con gente querida, una boda os hará más felices, sea religiosa, civil o como sea, mientras que vosotros lo consideréis como lo que es, una celebración, y no una obligación. En nuestro caso deseábamos hacerlo para compartir todo con la gente que queremos y de la que disfrutamos, y nada más. Y la gente se ha portado… para mí eran, son y serán mi familia.

Ha sido emocionante… agotador pero un pasote. Hay familiares y amigos que no han podido venir por distintas causas, pero los sentíamos tan cerca como si estuviesen a medio metro de distancia. Para todos ellos… un abrazo y no os preocupéis, la vida a veces nos ofrece su cara más amarga, pero tarde o temprano nos compensa. Yo lo sé.

En fin, gentecilla… que soy un hombre casado y feliz cual perdiz :-D






P.D.: Por cierto, el ramo de novia se lo regalamos a cierto individuo gallego afincado en Madrid, a quien le toca ahora elegir novia... si yo fuera cierta madrileña tendría cuidado con cierto maripuri sevillano :-DDDDDDDDDD


P.DD.: ¡¡¡Ahora una semanita en Lanzaroteeeeeeeeeeeeeeeee!!!

miércoles, agosto 23, 2006

Sábado 26 de agosto: día D

Hoy miércoles, mañana jueves (vienen mis padres), pasado viernes (despedida de soltero) y luego sábado. Me caso. Me caso. Me caso. Me caso. Me caso. Me caso. Me caso. Esperad que lo repita otra vez: Me caso.

Suena extraño, remoto, ajeno... pero está ahí, a tres días vista. El sábado a la una del mediodía comienza la ceremonia en el Real Monasterio de Santes Creus, en castellano con toques de catalán. Eso si sobrevivo al viernes, porque a la fiesta de despedida vendrán unas 30 personas personales que esperan reírse a nuestra costa. Imaginad lo que puede ser una despedida el día anterior a una boda, puede ocurrir de todo.

Se supone que a las 14:00 horas seré un tío casao. Casado... uf, suena extraño. No espero nada realmente diferente, hace tres años que vivimos juntos, y uno completamente solos. Parece que fue ayer cuando en agosto del 2005, sobre estas mismas fechas, terminamos de traer las últimas cosillas a casa. Y un año después, casi exactamente, nos casamos.

Mañana vendrán mis padres por primera vez a mi casa, ya que hasta ahora tan solo la han visto en fotografías. Por supuesto, hemos limpiado a fondo, e incluso pintado el pasillo, ya que entre las grietas que salieron cuando hicieron las obras de la Ciudad Deportiva del F.C. Barcelona aquí al ladito, y las señales en las paredes de las pezuñas del chucho en plan Matrix persiguiendo pelotas de tenis, estaba hecho una pena. Hemos terminado de colgar los últimos cuadros y de colocar las cosas sueltas, y mañana presentaremos el pisito en sociedad a mi familia. Mi madre vendrá con el algodón para pasarlo por todos lados, veremos si pasa la inspección el piso :-D

Este será probabilísimamente el último post pre-boda, ya que mañana pasaremos el día por Barcelona, enseñando la ciudad a mis padres e invitándoles a comer junto con los suegros a un pedazo restaurante, El yantar de la ribera, y luego ya tiraremos a Santes Creus, en Tarragona, para pasar allí el viernes y el sábado. Tengo ganas de que llegue y luego tendré ganas de que pase todo, y ya el 1 de septiembre salir en avión hacia Lanzarote :-D

Ya os diré si recomiendo la experiencia... y estad seguros de que pondré aquí fotos de la boda en cuanto las vaya teniendo, y quizá tengáis una sorpresita añadida :-D

A los merethianos y amigos varios que vienen a la despedida y/o al bodorrio... sed buenos y a pasarlo bien xD



P.D.: Ayer cenamos con Antonio, Julia y Sandra en el chino, para celebrar que el primero (Gurthsil, el tío a quien todo quisque quiere quitar de enmedio) venía a Barcelona para el bodorrio, y cada vez nos asustan más con la despedida de soltero... creo que tendré que vengarme a posteriori, ya veremos xDDD

lunes, agosto 07, 2006

Día en PortAventura

Ayer pasamos el día en PortAventura Sonia y yo solitos. Salimos de casa tempranito y en una hora y poco estábamos ya allí, sobre las diez de la mañana. No madrugamos demasiado porque teníamos referencias de que la primera y casi segunda semanas de agosto el tema no está muy concurrido... supongo que el personal primero se va a su lugar de veraneo, se apalanca y cuando le entran ganas sube a PortAventura. Pero en el ínterin, pues las instalaciones no están muy llenas. Eso sí, por la autovía nos cruzamos con muchísimos coches italianos y franceses (y algún holandés), y ya nos temíamos lo peor, hasta que nos dimos cuenta de que no parecían ir a PortAventura, sino que eran marroquíes que volvían a su país por vacaciones. Salvados. Algunos sabréis lo que es ir a PortAventura cuando lo mismo se le ocurre a miles de personas el mismo día: horrible.

Pero por suerte hubo poca gente, y apenas hicimos colas en las atracciones. Ni que decir tiene que nos subimos a casi todo lo importante... menos a la nueva atracción: el Hurakan Condor. A mí realmente me atraía subir, aunque eso de que te suban a más de 100 metros de altura y te suelten a una velocidad de vértigo durante 83 metros en caída totalmente vertical... sondeé a Sonia, pero sufre un poco de vértigo y me dejó claro que no subiría ni aunque hubiera un millón de leros esperándole en la cima de la atracción. Yo seguía pensándomelo hasta que subí un poco más tarde al Dragon Khan y comprobé que ese día mi estómago no estaba para bromas. Normalmente disfruto como un enano con esta atracción, pero esta vez me sentó como un tiro, realmente mal. Por poco mi aparato digestivo se vuelve del revés...

El pájaro loco de resacaPero por lo demás, al no tener que hacer colas subimos a todo lo importante, y en algunos casos, varias veces. Incluso nos dió tiempo a pasearnos por los variados juegos de PortAventura. En el primero de ellos, que consistía en encajar unas bolas de plástico en unos vasos de cristal, ganamos tres premios con una sola partida de cinco bolas. Lancé la primera y cayó en un vaso blanco (el único que había), con lo cual nos tocó el premio gordo: un pájaro loco gigantesco, que podéis ver en la foto sin pincháis sobre ella. En la siguiente bola Sonia ganó otro pájaro loco, pero esta vez mucho más pequeño, y con la última bola gané un llaverito con un pingüino. No está mal, 3 de 5. Luego jugamos otras dos veces, una de ellas a otro, pero no conseguimos nada. Balance: siete euros gastados y tres premios, uno de ellos un pájaro loco de metro y pico de altura. El tamaño se puede apreciar fácilmente en la foto: lo pusimos en el asiento trasero del coche con el cinturón puesto (y una pipeta de la última clara que nos bebimos, para algo está de resaka el Woody, con la bata, la taza de café y los ojos inyectados en sangre), y así nos lo trajimos para casa, para cachondeo la gente que nos encontramos por la autovía.

El pájaro loco de resacaNos íbamos a hacer una fotografía en el Oeste, vestidos de bandidos o algo así, pero finalmente decidimos hacernos una caricatura conjunta, que podéis ver también en esta otra foto. Según Sonia yo salgo clavado (tengo mis dudas, la verdad, esa nariz no es mía xD), y ella sale bastante guapa, el tío nos cogió bien. Las hizo en un momentito, y la verdad salen baratitas, a 6 euros cada una :-)

En fin, nos lo pasamos realmente bien, aunque llegamos a casa cansadísimos... menos mal que hoy no trabajamos por la mañana ninguno de los dos. Bueno, yo de hecho ni por la tarde, porque... ¡¡¡ESTOY DE VACACIONES!!!. Bueno, tendré que ir un día por la tarde "gracias" a un cliente mamonazo, pero por lo demás hasta el 12 de septiembre no me verán el pelo por la oficina: entre las vacas honradamente ganadas y el permiso por la boda... jejejjeje

sábado, julio 29, 2006

Cuentos de viejo

-¡Abuelo, cuéntamelo otra vez! –gritó el pequeño Pedro, mientras se subía a mis rodillas una vez más.

-¿El qué, otro cuento, o porqué te toca recoger tu cuarto de una vez? –respondí, mientras le miraba con gesto serio. Pero él me conoce de sobra, y sin duda sabe que soy incapaz de recriminarle nada, ni siquiera que se pase todo el día tironeándome irrespetuosamente de la barba cana y supuestamente respetable. Por toda réplica, me miró como si pudiera leer mis pensamientos y me apremió.

-¡El cuento de los Antiguos! ¡Quiero el cuento, abuelo! –insistió, botando dolorosamente (para mí) sobre mis sufridas piernas.

-Está bien, pero cuando termine te irás a tu cuarto y no saldrás hasta que lo hayas recogido todo, o jamás volverás a oír ningún cuento de mi boca. –le espeté, poniéndome todo lo serio y digno que pude.

-¡Oh no, abuelo! ¡Mami me dijo que podría salir luego con los amigos a la ciudad para buscar Restos! Volveré por la noche, y recogeré entonces… ¡venga abuelo!

-De acuerdo… -me rendí, una vez más, acariciándole los cabellos-. Mira, hoy te hablaré también de los Malditos. No sé si los mencioné alguna vez, pero comencemos por el principio…

-Nunca los mencionaste… ¿quiénes eran?

-Todo a su tiempo, todo a su tiempo, diablillo, quieres saberlo todo en cinco minutos… eran distintos de nosotros, pero no tanto como podría suponerse. Desde luego, no tenían Conciencia. ¿Recuerdas lo que te enseñaron en el colegio? Pues apenas había nacido cuando vivían los Malditos, apenas se podía apreciar el inicio de la Conciencia entre los humanos de entonces, y desde luego los Malditos intentaron sofocarla desde un inicio. Sin embargo, como puedes ver, no lo consiguieron. Pero hicieron cosas odiosas.

-¡Vaya, no existía la Conciencia!, debió ser un mundo horrible…

-No tanto. Es cierto que para muchos humanos la vida era dura; las guerras jamás dejaron en paz al planeta y mucha gente se moría de hambre, pero para otros muchos la vida era agradable, comían bien, tenían distracciones, juegos, había libros, espectáculos,… mucho no puedo contarte sobre eso, apenas lo que mi abuelo me contó a mí en sus cuentos, cuando era yo quien me subía a sus rodillas, como ahora haces tú. Hoy en día nadie puede pensar que se pudiera vivir sin Conciencia, pero antes todo era distinto, y sin embargo los seres humanos estaban ahí, desprovistos de ella.

Hace tiempo te hablé de la Pre-conciencia, de cómo los humanos iniciaron el camino, ¿lo recuerdas? En la escuela os enseñan que nunca existieron esos tiempos, que la Conciencia estuvo ahí desde un inicio. Pero eso no asegura la Tradición Oral, nuestros ancestros afirman otra cosa. ¿Ves la ciudad a la que váis de vez en cuando a por Restos? ¿Te parece hermosa?

-Es extraña, abuelo… todo está destrozado, y no se oye nada salvo nuestros pasos, todo está quieto y muerto, los animales evitan entrar en ellas. Cuando viajamos hasta allí todo son risas, jugamos a perseguir conejos mientras caminamos, pero al llegar allí nos callamos, no sé porque… y no volvemos a hablar hasta que salimos.

-Jamás verás a un animal entrar en las ciudades, ellos tienen Conciencia desde siempre, nacen con ella… los animales “saben” lo que los humanos han de aprender. Las ciudades, en los tiempos de los Malditos, no eran como ahora. La gente vivía sobre todo en ellas. Ahora todos formamos parte de la Conciencia, somos un solo planeta unido, pero en aquel tiempo los humanos estaban divididos en “países”.

-¿Países? ¿qué es eso? –abrió los ojos de par en par.

-Pues cada país era una parte del mundo, y tenía sus propias leyes e intereses… a muchos no les importaba lo que sucediera en otros mientras ellos no se vieran perjudicados.

-Oh, vaya…, y ¿cómo pudieron vivir así?

-Eran otros tiempos, Pedro… creían que la Conciencia sería un freno para ellos. No querían equilibrio, tan solo ser los más ricos. En fin… en los países había muchas ciudades, y en los más ricos eran mayores aún de lo normal. Llegaron a vivir millones de personas en algunas de ellas, miles de millones en todo el planeta. Los tesoros que de vez en cuando encontráis fueron sus pertenencias… las cosas hermosas de las ciudades son reliquias de un pasado brillante que un día se oscureció. Hoy en día ese pasado tan solo son ruinas, se ha perdido para siempre. Los humanos confiaron en las máquinas, y su orgullo les traicionó.

-¿Máquinas, abuelo? ¿Qué es eso?

-Tú has visto como producimos la comida… aunque seas un holgazán que aún no hace más que jugar y engullir platos –me reí, para quitarle un poco de seriedad al cuento, aunque él no estaba por la labor de permitírmelo.

-¡Oh, vamos, aún soy pequeño para esas cosas! –dijo, visiblemente enfadado y cabizbajo.

-Eso digo yo, pero tu padre tiene otras ideas… pero en fin, ¿qué estaba diciendo? Ah, sí, las máquinas. Ahora usamos animales y pocos artilugios solares para trabajar la tierra, pero antes, los humanos usaban muchos artefactos complicados de mantener y usar para ello. Producían grandes cantidades de comida y otros objetos curiosos e inútiles, aunque muchos se morían de hambre. Utilizaban máquinas para desplazarse, cazar animales e incluso matar a sus semejantes. Y esas máquinas consumían carburante. Antes de que vuelvas a preguntar, te diré que el carburante se utilizaba para propulsar esas máquinas, para ponerlas en movimiento. Incluso el mismo carburante era usado para producir algo llamado plástico, que los humanos utilizaban también en la medicina y en la vida diaria. Mi propio abuelo me contó que hubo un tiempo en que muchos humanos tenían acceso a ese carburante, así que muchos de ellos tenían máquinas propias y podían hacer cosas que ahora nos están prohibidas. El plástico era algo muy común y útil. Sin embargo, poco a poco, el carburante comenzó a escasear, y solo los más ricos de entre los hombres pudieron hacerse con él. De esta forma, muchas máquinas comenzaron a ser inútiles, puesto que no podían ser propulsadas… y mucha de la comida que se producía hasta entonces dejó de llenar los almacenes, al no poder cosechar ni transportar la comida que había. Millones de personas murieron por la escasez de alimentos, incluso de agua… la industria médica se colapsó al no poder fabricar nuevos elementos plásticos. Esto, mezclado con el pobre consumo de agua, obligó a todos a buscarla en los lugares menos salubres, con lo que las epidemias comenzaron a dispararse. Los países comenzaron a atacarse los unos a los otros por los últimos yacimientos de carburante, con máquinas propulsadas por el poco que les quedaba. Solo unos pocos millones de seres humanos quedaron vivos, y aprendieron…

-¿Pero no podrían haberlo evitado? Tantos millones… y casi todos muertos. Ahora no hay guerras, ¿verdad abuelo?

-No, hace ya muchas vidas que no las hay, Pedro… ellos podrían haberlo evitado todo, la casi aniquilación de la humanidad. De hecho, desarrollaron otros carburantes, que producían las plantas sin necesidad de buscar yacimientos. Tenían energía solar, como nosotros ahora, y eólica, utilizaban el viento para producir electricidad… incluso algunos de entre ellos advirtieron al resto de que el carburante que más utilizaban se terminaba poco a poco.

-¿Pero si tenían todo eso… cómo pudieron morirse de hambre o de guerra? –preguntó Pedro, con los ojos abiertos como platos una vez más.

-Verás, todo lo que los humanos hacían consumía carburante, y casi todas las máquinas utilizaban el mismo: petróleo. Cuando éste se acabó o fue demasiado difícil conseguirlo, todo comenzó. No supieron o no quisieron cambiar a tiempo de fuente de energía. Los Antiguos siempre creyeron solucionarlo todo con la fuerza. Pero llegó la Gran Hambruna, y ni una sola de sus preciosas máquinas pudo evitarlo. Las armas resultaron con el tiempo inútiles, y todas las ambiciones de los Malditos cayeron en la nada. Muchas voces se apagaron tras el Holocausto, todo su orgullo se consumió en la nada.

Pudieron haber basado sus industrias en otra fuente de energía… tenían mucho poder comparados con nosotros. Si hubieran aprovechado esto para cambiar su mundo, todo se hubiera evitado, Pedro. Pero no quisieron, y muchos humanos sufrieron por ello.

Pero los supervivientes aprendieron de su error, por primera vez desde que el hombre es hombre. Impusieron un gobierno único basado en una Conciencia común, en el conocimiento, en respetar el medio ambiente y en la prosperidad, y los humanos lo aceptaron, vencido su orgullo. Fue más sencillo al sobrevivir apenas unos pocos millones, pero el mundo que ahora vivimos puede cambiar de nuevo, y la ambición nublar los corazones de los hombres. Aún hoy entre nosotros, cientos de años después del Holocausto, se alzan voces que nos empujan a estudiar las ciudades de los Antiguos y aprender su ciencia. Estos, cuyo pensamiento no se diferencia mucho del de los Malditos, se creen herederos de los seres humanos que pusieron todo el planeta bajo su dominio, y creen que debemos dejar a un lado la Conciencia.

Pero precisamente por eso no hemos vuelto a reconstruir las ciudades, Pedro. Desde las guerras no nos acercamos a ellas, no queremos aprender la ciencia de los Antiguos. Nos bastan nuestras máquinas a propulsión solar, los pocos combustibles biológicos que hemos desarrollado. Y conservamos las ciudades destrozadas por las guerras como un monumento a lo que ocurriría si nos apartáramos del camino que transitamos ahora. Los Antiguos nos hablan desde sus mortajas, o al menos así lo contaba mi abuelo.

-¡Vaya, qué cuento! Pero seguro que no me has dicho todo lo que sabes de los Antiguos… -me miró con cara suspicaz, como si quisiera traspasar mis pensamientos.

-¡Por supuesto que no! ¡Qué clase de abuelo sería si dejase que mi nieto supiera lo mismo que yo! -me puse a reír y le bajé de mis rodillas-. Bueno, ahora ve a jugar una vez más, y la próxima vez que te acerques a la ciudad en busca de Restos piensa en lo que te he contado. No somos tan distintos de la gente que murió allí, Pedro. Los Antiguos nos siguen hablando desde sus mortajas...



P.D.: tonterías que me da por escribir en cuanto tengo cinco minutos libres. Sin duda es corto y demasiado moral, pero me apetecía romper con el habitual modo de postear del blog xD

jueves, julio 20, 2006

Somos una mierda y nos morimos al ratillo

Joder, no he visto mejor definición del ser humano que la de Fernando Trueba, oscarizado director de cine español. El tío ha concedido una entrevista, donde califica al género humano como:

Somos una mierda y nos morimos al ratillo. Pero nos olvidamos cuando levantamos cosas tan absurdas como la enciclopedia, los cohetes y la música. Cuando oyes a Mozart dices: «Está bien, estas hormigas de vez en cuando hacen algo»


Fantástico, sublime... milenios de historia y este tío da en el clavo en apenas unas palabras. "¿Qué somos, de dónde venimos y adónde vamos, estamos solos o acompañados?", cantaban los chicos de Siniestro Total hace eones, y aún hoy se puede oír en labios de gente a quien esta canción impactó por su sencillez filosófica y trascendental. Dejando a un lado desvaríos etílicos y rockeros, el señor Trueba tiene su parte de razón. Pero solo parte.

Somos seres de corta vida. Corta comparada con nuestros anhelos de inmortalidad, pero larga por cuanto se suele hacer pesada hacia su final. ¿Trascendemos? ¿somos algo más que animales evolucionados? Uno mira a su alrededor, y si lo hace detenidamente, es imposible quedar maravillado ante la magnitud de la vida. Por un lado, hemos tapizado la Tierra de tecnología, hemos matado a billones de animales, talado billones de árboles, cambiado totalmente el planeta, construído maravillas, creado auténticas joyas, evolucionado en una palabra. Hemos cambiado nuestro planeta y dejado nuestra huella en él. Por un lado podemos considerarnos grandes.

Pero por el otro... somos solo una mota. Hemos cambiado nuestro planeta madre, pero en el universo hay billones de planetas sin hollar y apenas sabemos nada de nuestro entorno espacial. Somos un pequeño borrón en la historia de nuestro propio planeta, como lo fueron en su día otras especies, y quizá nos lo carguemos con nuestro consumo irresponsable. ¿Somos tan valiosos como creemos? Trueba tiene razón, somos hormigas laboriosas y evolucionadas que de vez en cuando paren algo maravilloso y se creen el culmen del universo.

Personalmente, no busco trascender... tan solo maravillarme con el mundo tal y como es, y no arredrarme nunca por difícil que esté el panorama. Para lo bueno y para lo malo, estamos en el mundo y somos parte de él: disfrutémoslo, simplemente, y dejemos nuestro ego atrás.

Cuando observo el mundo y veo las ganas de trascender que tiene el género humano, tiemblo. Todo el mundo quiere que sus tesis prevalezcan sobre las ajenas, dominar dialécticamente sobre otros, dejar su huella. Creen que, gritando más lograrán que la gente recuerde su aplomo y el día en que sus ideas cambiaron al mundo. Y muchas veces tan solo se nos queda en las retinas su estupidez, su empecinamiento en atacar a los demás y en defender lo propio. Somos hormigas, coño, y apenas estamos un ratito en esta vida llena de dificultades: disfrutemos de lo único que tendremos. Nasíos pa sufrí.



¿Cuándo fue el Gran Estallido?
¿Dónde estamos antes de nacer?
¿Dónde está el eslabón perdido?
¿Dónde vamos después de morir?
¿Qué son los agujeros negros?
¿Se expande el universo?
¿Es cóncavo o convexo?


¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?
¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?
¿Y si existe un más allá?
¿Y si hay reencarnación?


¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?
¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?


¿Qué es el ser?
¿Qué es la esencia?
¿Qué es la nada?
¿Qué es la eternidad?
¿Somos alma?
¿Somos materia?
¿Somos sólo fruto del azar?
¿Es fiable el carbono 14?
¿Es nuestro antepasado el hombre de Orce?


¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿Adónde vamos?
¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?
¿Y si existe un más allá?
¿Y si hay reencarnación?

lunes, julio 17, 2006

Me faltan manos

Os tengo abandonados, y lo siento... pero creo que uno ha de hacer ciertas cosas solo cuando apetecen, porque si no es así el hobby se transforma en obligación, y cuando estás hasta arriba, todo descanso es poco.

Llevo semanas con un agotamiento mental y físico preocupante. Entre el curro, Fantasymundo, preparativos de boda, preocupaciones de boda, la casa, y la piscina y alguna que otra salida, algo más sobre lo que de momento no hablaré... no me queda tiempo para nada. Y encima, no hacen más que salirme proyectos; y siendo como soy, no puedo por menos que aceptarlos. Suerte que tras la primera semana de agosto tengo vacaciones del curro, las cosas de la boda irán solucionándose y la cosa estará más calmada, sino me da un infarto antes de casarme.

En este plan de cosas, algo he tenido que eliminar de mi agenda, y le ha tocado al blog. Espero recuperar un poco el ritmo, más que nada porque me serviría de terapia :-D

Francamente, en momentos como este tiendo a mirar el horizonte; es decir, lo que vendrá tras la tormenta. Y ya me imagino una semanita en Canarias relajándonos a cuerpo de rey, sin preocupaciones de ninguna clase, porque pienso dejar el móvil en casa: no quiero recibir ni una llamada del curro.

No recuerdo haber estado tan saturado de cosas que hacer y de proyectos interesantes a medias, y aún así voy capeando el temporal. No me malinterpretéis, mi estado natural es este: pensar en mil y una cosas a la vez, dándole vueltas a todo. No sé estar desocupado, y eso es un grave defecto (pero a la vez mi principal estímulo). Encima las cosas van saliendo poco a poco, lo cual es, aparte de extraño, milagroso, pero en fin.

En otro orden de cosas, este fin de semana salimos por ahí de juerguecita. Nos fuimos de casa con Imma a las nueve y media de la mañana del sábado y regresamos a la una y pico de la madrugada. Nos fuimos a Bagà, a unas fiestas medievales chulillas. Lástima que el mercado medieval fuera el domingo, con lo que me gusta comprar de todo en las ferias de pueblo: queso, miel, embutidos, panes, pasteles,... es mi pasión, pero en fin, otra vez será. Después pasamos por Ripoll, donde asistimos a una boda en el monasterio románico benedictino de Santa María de Ripoll, un lugar precioso (no tanto como Santes Creus, eso sí) donde asistimos a una boda, para coger costumbre y tal. El interior de la iglesia era precioso, aunque un poco enladrillado. No me gustan las que están reformadas de hace poco tiempo... prefiero lo antiguo aunque esté vetusto. El monasterio en sí fue fundado en el año 879 por lo visto (aunque hubo bastantes reformas), y el pórtico es alucinante: del siglo XII, es una auténtica maravilla cincelada, aunque bastante desgastada por el tiempo. Está protegido por unos cristales, que evitan que se filtre demasiada humedad y el sol dañe aún más las representaciones bíblicas. Sonia confesó que su vestido es más guapo que el de la novia. Veremos, veremos... yo de todas formas le diré que sí, por aquello de salvaguardar mi vida :-DDD

De paso, fuimos a visitar a Yolanda en su casa en construcción de Torelló, donde nos enseñó su mansión. La perri se está haciendo una pedazo casa, con una instalación eléctrica que recuerda a la de la NASA, una cantidad de espacio brutal y una gatita guapísima y trastera, con la que no paré de jugar. Por suerte no me arañó: está en una edad en la que aún es posible torearla :-D

El día lo terminamos en casa de Julia, en Sallent, cerca de Manresa, con unas pizzas y Superman, la peli clásica de Richard Donner de 1978, que casualmente daba A3 con multitud de anuncios, para celebrar el estreno de Superman Returns. Y luego, a casita y fin de la mega-escapada, un paréntesis en nuestra agitada vida pre-matrimonial. Habría que hacer más cosillas como esta: te quedas agotado pero relajadito :-D

En fin... no os quejaréis... os dejo un mes sin post pero cuando pongo uno es larguito eh :-DDDDD

jueves, junio 15, 2006

Curso prematrimonial

Y llegó el día. Un día temido, francamente. Quien se pase por aquí a menudo habrá leído sobre mi proberbial odio a la iglesia, y mis críticas más o menos fundadas a sus directivos (uso esta palabra porque se comportan como una empresa). Y por supuesto, que uno tenga que meter su querida cabecita en las fauces del león da rile. Y es que el riesgo no me suele poner.

El domingo pasado teníamos 4 horas de un curso prematrimonial muy curioso. De entrada, tenía miedo de soltar todo lo que pienso sobre sus normas, puntos de vista y comportamiento, y que me echasen de allí en menos que canta un gallo al grito de "¡¡cuidado, Fieles, es el Antricisto, vigilad, podría adoptar otras formas!!", mientras me apaleaban fervorosamente. Pero no, se comportaron. Primera sorpresa. Creía que los fieles sentían las presencias malignas como mi chucha siente los chorizos del pueblo. Habrá que ser menos creyente en el futuro...

Esperaba que el sacerdote nos entrevistase en pan grupito, pues íbamos 12 parejas al mismo curso, con preguntas y respuestas, etc. Pero no... nos dividieron en dos grupos y un chico y una chica casados (entre ellos), y fieles a la religión católica, se encargó de provocar un debate sobre distintas cuestiones candentes en torno a la pareja. Fue realmente instructivo: nos preguntaron sobre que significaba para nosotros el amor, el respeto al otro, nuestra sexualidad, si teníamos pensado tener churumbeles, sobre la convivencia diaria, y como no... sobre si éramos creyentes y teníamos pensado formar una familia bajo el protector paraguas de Dios.

Ellos proponían la cuestión e íbamos haciendo rondo charlando sin tapujos de nada. Ni siquiera la pareja entrevistadora se cortó lo más mínimo en cuestiones de hijos, convivencia, SEXO... vamos, la tía hasta confesó que le gustaba horrores practicarlo a todas horas, pero que con los hijos había tenido que moderarse un poco. No estuvo mal, me divertí bastante, pese a las 4 horas de tostón, pero empecé a mosquearme cuando llegamos al tema de la religión. Y es que sino yo no sería yo :-D

Nos preguntaron si creíamos, y curiosamente nos tocó primeros en el rondo. No diré lo que cree mi novia, pero es distinto a lo que yo creo. Dije que ni por asomo creía en un Dios como el que proponía la iglesia, y que ésta como institución no me merecía la confianza suficiente como para depositar en ella mis creencias más íntimas. Y por supuesto, que comparto el mensaje de amor, fraternidad y amistad pero no las formas que utiliza la iglesia. Tal cual, sin paños calientes... y les cayó bien. No salía de mi asombro, yo que esperaba una reacción más virulenta. Claro que echando un vistazo a las razones que daban las otras parejas de porque habían elegido el matrimonio religioso... los había que ni "creían ni dejaban de creer", que "era más bonito por l iglesia, menos de pega que lo civil", así que al menos lo mío, si bien hereje total, al menos era razonado :-DDD Es más, lanzó un rapapolvo a las parejas que decían esto, por asegurar que si uno se casaba por la iglesia debería tener cierto compromiso con ella, y no casarse porque sí. Pero en fin, a mí me pareció demasiado virulenta la cosa. Luego, tras casi las 4 horas, nos hicieron pasar a las 12 parejas con el cura, que ya nos dió consejos sobre la boda en sí y la firma del "contrato" que nos iba a unir. Pensándolo bien, no sé porque lo entrecomillo, porque es de veras un contrato con sus cláusulas y todo, hablando de Dios y la familia, el respeto al otro y tal... da miedo :-D

En fin, con estos cursos al menos la iglesia da otra imagen... salvo en cuestiones religiosas, el resto fue una charla bastante entretenida y didáctica... ¡quién lo hubiera dicho! :-D




P.D.: Agradezco a la iglesia que no me persiguieran llamándome Antricristo y golpeándome... por ser sincero. No pude evitarlo :-DD